Tras extenderse un poco los comentarios en el anterior post, he decidido abrir la discusión respecto al tema del pasado. Recojo las aportaciones que han salido y vierto mi opinión para que podamos seguir conversando al respecto si os apetece.
1.-
Jozko comentaba que “cada vez es más deprimente esta Europa nuestra... (y por cierto, cada vez echo más de menos la URSS, al menos las cosas que tuvo buenas - no las malas, que por supuesto también las tuvo y muchas)”.
2.- En la misma línea,
Abate Marchena añadía que en el 80 y 83 visitó la DDR, Polonia, URSS, Hungría y Yugoslavia, y en el 85 Bulgaria. En su opinión, aquella “era una sociedad a grandes rasgos más humilde, sincera y HUMANA que la nuestra de aquel entonces. Hoy es gran parte de Europa, una cloaca de homínidos”.
3.-
Jozko añadía “por desgracia, Abate Marchena, yo sólo he visitado los países comunistas mucho después, cuando ya no eran comunistas. Pero tengo la misma imagen que tú. Por poner un ejemplo, una vez en un autobús en las afueras de Budapest, había un mendigo medio borracho, gritaba que estaba harto de oír hablar mal del comunismo, que por lo menos entonces la gente era lo importante, pero que ahora ya no importa la gente, solo importa el dinero. Y creo que este mendigo tenía razón. Otro ejemplo, basta con ver la cantidad de hospitales que había, y la cantidad que han cerrado después (con la excusa de que no son rentables)”.
4.-
Rafa Hortaleza señalaba “pero entonces, ¿por qué escapaban a golpes la gente de la DDR?... y esto lo pregunto sin acritud, más bien con la pena del que en los 80's fue un niño que creía en la sociedad del socialismo real y siendo adolescente, entre 1989-1991 se le cayeron todos sus esquemas. Hoy treintañero, visité Berlín la semana pasada, vi lo que queda de la DDR yo que sé, tengo tantas preguntas y tan pocas respuestas...”.
5.- Jozko contestaba. “respecto a la otra pregunta de Rafa, (la de por qué huían de la RDA). Me parece que es una pregunta muy interesante. Se me ocurren muchas respuestas y todas tienen algo: - Estos países estaban de verdad en crisis, algo había que hacer y no tenían muy claro qué, entre otras cosas porque en el partido comunista los comunistas eran cuatro gatos, la mayoría estaba en el PC porque era mejor estar, la propaganda occidental también cuenta y mucho (amigos me cuentan que todos escuchaban radio Libertad - que emitía desde occidente-, en clase de historia de Hungría, un profesor nos enseñó varias grabaciones de la época de esa emisora y eran de vergüenza, por supuesto no decían más que mentiras, pero mis amigos están hasta hoy convencidos - quitando alguna excepción- de que Radio Libertad decía la verdad). En Eslovaquia hoy se piensa que las manifestaciones que acabaron con el comunismo fueron instigadas desde el extranjero (eso lo dice el actual primer ministro eslovaco), en Hungría los políticos siempre fueron por delante de la población (es decir hicieron reformas antes de que la población se manifestara pidiendo esas reformas). Creo que fue un gran error el que los partidos comunistas se convirtieran en partidos de masas (yo he conocido gente que reconocen haber sido comunistas convencidos y no haber entrado en el PC al ver lo que había dentro y darse cuenta de que había de todo menos comunistas)”.
Mi aportación a la discusión:
Mis limitaciones y ventajas: conozco bastante bien algunos países del Este, especialmente dos postsoviéticos (Rusia y Letonia), bastante de la ex Yugoslavia y la República checa ya occidentalizada. Del resto, he pasado por casi todos los países, los he visitado, bastantes de ellos en más de una ocasión, y en algún caso como Budapest durante unos años llegó a convertirse en una parada obligatoria y agradable en mis viajes. Pero en estos últimos casos, al contrario de los primeros, sólo los he visitado cómo un mochilero más, de paso y con escasa experiencia a pie de terreno para evaluar nada (eso no quiere decir que no me atreva a dar mi opinión construida a través de la combinación de lo que conozco con lo leído, estudiado y los datos existentes).
Respecto a los países en los que he tenido más experiencias (más allá de las viajeras) me centraré en Rusia y Letonia (mi segunda casa literalmente). Ambos países creo conocerlos bastante bien (aunque depende de con quien me compare, claro esta), pero por mi edad yo no visité la Unión Soviética y tampoco viví en ella (que sería lo ideal para valorar). Es decir, yo allí no estuve pero sobre todo no viví; y esta limitación es muy importante, aunque la trato de subsanar con mi entorno que nació y vivió en la URSS. No todos aportan igual, los jóvenes vivieron su niñez y si son talluditos también la adolescencia; por ello, la percepción que tienen de aquella época es más bien descriptiva y con una baja capacidad explicativa al no haber tenido responsabilidades. En cambio, los mayores de 50 pueden aportar bastante. Con estos las conversaciones que he tenido y aún hoy tengo son mucho más jugosas e interesantes.
Comparto diálogo con detractores y defensores de la Unión Soviética (ciertamente sólo en Rusia, en cambio no en Letonia donde los favorables a la URSS lo son desde una perspectiva básicamente nacionalista rusa) y en este sentido, creo que mi óptica es los suficientemente amplia. Es verdad, por otra parte, que el trato que tengo es mucho mayor con las clases crecidas al calor del estado del bienestar (welfare state), sectores de la educación y la sanidad, pero también con otros, como ingenieros militares, trabajadores de la empresa de ferrocarriles e incluso campesinos en Rusia y especialmente en Letonia vía familiar.
A partir de estas advertencias. ¿Qué hay del pasado?
Respecto al comentario que hace Abate (2), desconozco el tipo de viaje/visita que hiciste, lo normal eran viajes turísticos (se abrió la posibilidad en los ochenta) o viajes con claro tinte político y/o económico. En ambos casos solían estar muy estructurados, organizados y controlados (Yugoslavia era otra historia, había más libertad). Esto quiere decir que el elemento propaganda estaba muy presente y se trataba de evitar dar una mala imagen del país. Además, solían visitarse sólo las ciudades principales, capitales si eran países pequeños, y en consecuencia, quedaba sin ser visitadas las ciudades y pueblos que no formaban parte del escaparate que era la capital.
Ya en los 70 había empezado a ser un problema la emigración hacia Moscú, en un típico fenómeno “tercermundista” que ya lo comentaba y advertía (quitándole yerro) un periodista sandinista que escribió un libro de viajes (evidentemente totalmente organizado y controlado con guía) por las capitales de las repúblicas soviéticas y que fue publicado en la URSS. Esta tendencia se ha acentuado desde la caída, o quizás, sería más correcto decir que siguió su tendencia natural, porque en los ochenta el problema había crecido y en los noventa aún más, y en pleno siglo XXI sigue creciendo. Las capitales no suelen ser buenos termómetros, allí se concentra el dinero y el poder del régimen. Fuera de estas, el contraste en la Unión Soviética era muy grande (por ejemplo en Latinoamérica también pasaba, como un rasgo propio de los países que no forman del capitalismo central, en cambio, en el epicentro del poder económico su desarrollo se mide perfectamente por el nivel de vida de la periferia de las ciudades principales).
En fin, la madre de mi compañera nació en la isla de Sajalín, y paso su niñez y adolescencia en Siberia, en un pueblecito relativamente cerca de Barnaul, y créeme que no tenía absolutamente nada que ver con lo que eran Moscú o Leningrado. Tampoco lo fue nunca Joskhar-Ola en la república Mari-El donde hasta hace bien poco parecía que el tiempo se había parado, y no en la caída de la Unión Soviética precisamente, sino a principios de los años 70.
Aunque en general, la imagen que tiene Abate sobre una sociedad más humilde es cierta. Lo de más humana no lo acabo de ver tan claro. La avaricia es verdad que fuera de las clases privilegiadas no tenía demasiado sitio, porque no era posible alcanzarla y alimentarla. Pero por otra parte era una sociedad que había adquirido una tendencia clara al individualismo. Una sociedad en la que el asociacionismo al estar controlado por el estado no tenía mucho espacio. Por otra parte, la vida era muy gris. Un ejemplo es el de la movilidad, no ya para viajar al extranjero, sino dentro del país. Por ejemplo (aún está vigente), si un ciudadano ruso quiere viajar a una ciudad de Rusia después de tres días ha de registrarse en la policía. Pero el colmo es lo de ser ilegal en tu propio país. No se pueden mover con libertad de una ciudad a otra, existe un pasaporte interior y existe la necesidad de conseguir papeles para moverse a vivir a otra ciudad. Está exigencia de papeles, de todas maneras, no es propia de la Unión Soviética, viene desde la época de los zares, y no lo cambió la URSS y tampoco lo ha cambiado la Rusia postsoviética. Hay muchos vicios que se vienen arrastrando desde la época de los zares. Es iluso pensar que con la simple toma del poder se puede cambiar la sociedad, la política, la economía y la forma de funcionamiento del estado, y especialmente, si el ejercicio del poder no es participativo (entendiendo como participación de la ciudadanía). En fin, la Unión Soviética por encima de todo fue la ANTIUTOPIA, algún día igual escribo algo al respecto en el blog.
La nostalgia prudente que muestras Jozko creo que hay que explicarla en un contexto más amplio. Lo que pasaba y pasó en la Unión Soviética y en sus países satélites, a menudo está idealizado o está barnizado de un idealismo que nace de la teoría ideológica que impulsó la revolución bolchevique y la posterior fundación de la Unión Soviética. Los valores, los discursos pero y sobre todo, la simbología marcan mucho para poder entender lo que expresaba el compañero Rafa y que a muchos de nosotros nos ha pasado o nos han transmitido nuestras familias, por ello cuando Rafa nos dejaba por escrito que “era un niño que creía en la sociedad del socialismo real” yo me he visto reflejado en su frase. Es más, recuerdo siendo niño que estando viendo por la tele como bajaban la bandera de la Unión Soviética del Kremlin para sustituirla por la rusa cómo a mi padrele caían lágrimas disimuladas. Detrás había un sentimiento colectivo de identidad, ideológica, que creaba unas simpatías con la URSS que en gran parte no atendían a explicaciones racionales, sino emocionales.
Hay una frase de Karl Marx que utilizo mucho en mis clases de estadística y técnicas de investigación para incitar al alumnado en el estudio científico; y creo que es la clave para poder abordar un examen riguroso de lo que era la Unión Soviética y lo que realmente sucedió allí. Marx decía que una persona no era lo que decía de sí misma, ni lo que pensaba de sí misma, sino lo que hacía. Es decir, la Unión Soviética no era lo que decía que era, no era ni lo que incluso pensaba que ella era, sino era lo que hacía.
¿Y qué es lo que hacían la URSS y sus países satélites? A parte de ser un régimen totalitario o autoritario (dependiendo de la época), si entramos a fondo a esta pregunta no acabaremos hoy, pero empezaré por ofrecer unos retazos de lo que realmente eran. Simplificándolo mucho, eran países que no habían sido parte del sistema capitalista central (quizás con la excepción de la República checa) y que a través de la economía planificada lograron desarrollar sus economías bastante; en base a ello construyeron un estado del bienestar de segunda categoría pero que funcionaba relativamente bien. La consecución de este modelo se dio después de la segunda guerra mundial, una época de bonanza y vacas gordas para todos los países que no formaban parte del capitalismo central (bueno para estos también). Por ejemplo, América Latina vivió un momento dulce, África participaba bastante en la economía mundial y los países asiáticos se movían, la mayoría de ellos, como en la URSS o América Latina hacía estados más o menos protectores en los social. La frase de Jozko, “basta con ver la cantidad de hospitales que había – en la URSS –, y la cantidad que han cerrado después (con la excusa de que no son rentables)” es aplicable a un montón de países que no formaban parte de la órbita soviética. No es un fenómeno restringido a la URSS. Eso mismo podrían decir los uruguayos, los argentinos… Por cierto, la peli uruguaya “El último tren” muestra a la perfección este proceso en el sector público en forma de una comedia-aventura emocionante.
Es a partir de finales de los sesenta y ya de forma rápida a partir de los 70 (después de la crisis del Petróleo) cuando se vira hacia el sistema económico de hoy en día, más neocolonial y neoliberal. Los motivos y efectos son varios, endeudamiento de los países periféricos, compra (-robo) de los activos económicos de estos países por parte de empresas occidentales, etc. Y para acelerar este proceso, en muchos países se impulsaron golpes de estado y/o convulsiones políticas. Esta historia la cuenta bastante bien Naomi Klein en su libro “La doctrina del Shock”. Es un resumen precisamente de este proceso y como abarca una gran extensión geográfica, hay datos y relatos que no comparto porque creo que no son correctos, además hay errores de bulto como hablar de partido único en Polonia y llamarlo comunista, cuando había tres partidos adictos al régimen y ninguno comunista. Pero más allá de estos errores, el libro mantiene una hipótesis verosímil y que en el relato histórico se confirma.
En este sentido, la caída de la Unión Soviética no es más que la extensión del proceso latinoamericano a esta parte de Europa una década más tarde. Pero el arranque es el mismo, la ralentización primero y paralización después de la economía por diversos motivos (internacionalización mayor de la economía, el inicio de los procesos de deslocalización, la microindustria etc. no me extenderé en ello). Aporto unos retazos para que no pensemos que el Este no formaba parte del sistema económico mundial: FIAT fabricaba coches desde los 70 en las afueras de Moscú; Renault coches en Rumania; la británica Massey-Ferguson tractores en Polonia; Westinghouse frigoríficos; Thomson televisores etc. Polonia, Hungría, Rumanía, Yugoslavia… era países que desde los 70 habían sido nombrados como favorecidos (socios comerciales preferentes) por EEUU, por ello bebían coca cola y la mitad del comercio exterior lo hacían con occidente. Es también en los 70 cuando se aficionan a los préstamos de dinero occidental, incluida la URSS. Tanto es así que para 1980 el sistema bancario polaco estaba en manos de los occidentales. Respecto al mundo rural, con la excepción de la URSS, la tierra agrícola estaba bastante privatizada (p. ej. en Polonia el 83% era privada, 2% de cooperativas y 15% estatal). Las diferencias salariales eran muy grandes (ciertamente no tan grandes como en Occidente). Un ejemplo, en los 70 (en Occidente entonces también eran mucho más pequeñas las diferencias) el 5% más rico de la URSS detentaba entre el 23% y 28% de la riqueza (según la fuente). El 10% más rico tenía en sus manos el 40% de la riqueza. A parte iban todos los privilegios en especies: casas, coches, acceso a las tiendas especiales con el cobro de rublos-oro, viajes gratuitos y demás.
No he encontrado nadie que me haya dicho que no tenía percepción de existencia de clases en la URSS. Todo lo contrario. Las clases existían. Con todo esto, y para ir finalizando (menuda chapa), quería decir que la URSS ni era tan diferente, ni su proceso de desaparición y lo que le ha sustituido es una excepción a nivel internacional (tiene bastantes similitudes con Sudamérica). Y a todo ello, había que unirle que era una sociedad gris. Donde el estado de bienestar no te iba a dejar morir de hambre ni te iba a dejar sin servicios educativos y sanitarios a cambio de tu libertad. Un precio muy alto para una contrapartida bastante pequeña, sobre todo mirándose en el espejo occidental (y si lo mirabas desde Siberia o Kazajstán ya ni te digo). Se me quedan un montón de cosas en el tintero, espero que vayan saliendo en los comentarios y si no en alguna otra ocasión, pero esto ya no se puede alargar más. Saludos y gracias por vuestros comentarios.
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