A principios de este mes se ha vuelto a desatar la ya anual
crisis política ucraniana, que no es más que el rebrote puntual de la que se viene arrastrando desde la revolución naranja del 2004. En aquella ocasión la disputa presidencial entre dos políticos, Yushenko y Yanukoych, ambos crecidos de la mano del Presidente Leonid Kuchma, abrió un periodo de lucha entre pro-occidentalistas (Yushenko y Timoshenko) y pro-rusos (Yanukovych) que se saldó con una victoria electoral de Yanukovych primero, y a renglón seguido una serie de denuncias de fraude electoral que desembocaron en una movilización social (la revolución naranja,
apoyada por el Servicio Secreto de Ucrania –ex KGB-) que obligó a una parte del sistema a convocar una nueva cita electoral que arrojó la victoria de Yushenko.
Viktor Yanukovych (fuente: wikipedia)
Desde aquel entonces los diferentes aparatos estatales, los partidos y los votantes se han alineado en esta lucha por el poder que hemos resumido con el calificativo de lucha entre occidentalistas y pro-rusos. Evidentemente habría que matizar mucho está simplificación, aunque este no es el propósito del presente post (quizás lo tratemos en otra ocasión). La cuestión es que los equilibrios políticos se han escorado de un lado para otro constantemente, resultado de ello son las diferentes crisis y cambios de gobierno desde el 2004.
Los occidentalistas han estado divididos entorno a dos figuras políticas relevantes, Yushenko y Tymoshenko. Ambas personalidades protagonistas de la revolución naranja, tras está fueron aliados y gracias a ello Tymoshenko fue Primera Ministra (anteriormente también participó a finales de los noventa en el gobierno de Yushenko cuando este fue designado Primer Ministro por Kuchma), hasta que saltaron las diferencias entre ambos, en gran parte por ser dos personalidades políticas que disputan un espacio electoral similar. El resultado fue que Yushenko la cesó en septiembre de 2005. En las siguientes elecciones, una coalición entre el Partido de las Regiones (Yanukovich), Partido Comunista y Partido Socialista logró la mayoría parlamentaria para catapultar a Yanukovich como Primer Ministro. Poco más de un año duró el nuevo gobierno, ya que el Presidente Yushenko disolvió la cámara y anticipó elecciones en septiembre de 2007. El resultado en está ocasión, por un estrecho margen, favoreció a los prooccidentales de Yushenko y Tymoshenko. Está última con el 30% de los votos se convertía en Primera Ministra gracias a la coalición con el partido pro presidencialista Nuestra Ucrania.
Desde entonces ha pasado menos de un año y Nuestra Ucrania, el partido que apoya al Presidente Viktor Yushenko, ya ha
abandonado la coalición parlamentaria de mayoría que formaba con el bloque de la Primera ministra Tymoshenko. La crisis política salpicada por la guerra entre Georgia y Rusia, tiene como motivo principal la aprobación en el Parlamento de una serie de leyes que merman el poder del Presidente. A raíz de este hecho, los seguidores de Yushenko han acusado a Tymoshenko y los suyos de traidores porque esta ha guardado silencio durante toda la crisis, al contrario que el Presidente que apoyó incondicionalmente al gobierno georgiano. En este contexto, el martes pasado el partido de Tymoshenko bloqueó una resolución parlamentaria de condena al gobierno ruso.

Yushenko es uno de los principales aliados de la Administración Bush
Pero por encima del conflicto en Georgia y sus posibles implicaciones en Ucrania. Lo que está realmente en juego es la Presidencia de Ucrania. Las elecciones serán en el 2010 y la popularidad del actual Presidente Yushenko está por los suelos (
no llega al 10%). En cambio, Tymoshenko con una simpatía al alza entre el electorado, no quiere estropear sus oportunidades de alcanzar la Presidencia en la pugna que se le avecina con el también cada vez más popular Yanukovych. De ahí la reducción de su perfil pro-occidentalista, entendible en una Ucrania en las que los que apoyan su ingreso en la OTAN son
sólo el 20% mientras que sus detractores rondan el 50%. Y ello a pesar de la
imagen distorsionada que transmiten los medios de comunicación occidentales y Presidente y gobierno dando a entender que la integración en la OTAN y la UE es una prioridad de la ciudadanía ucraniana. Nada más lejos de la realidad, la mayoría de la población ucraniana no quiere ver al país integrándose en la OTAN y en la UE.
En las conversaciones que mantuve en Tbilisi
con el corresponsal del Financial Times en Ucrania, Roman Olearchyk, en más de una ocasión me señaló que él cree que para Ucrania, Moldavia y Georgia se han de buscar posiciones intermedias respecto a su futuro político. No creía que fueran buenas las integraciones en la UE y en la OTAN, al menos a
corto-medio plazo; y por su parte, apoyaba una estrecha colaboración con ambas instituciones y el reinició de una nueva colaboración con Rusia para que pudieran actuar como puentes entre Moscú y Occidente. Lo decía un ciudadano norteamericano con una clara tendencia pro occidental pero que aceptaba que el poderío militar, económico y político de Rusia era demasiado grande para meterle goles de ese estilo en su patio trasero, aunque sobre todo, admitía que en la población ucraniana no hay una excesiva simpatía por estas instituciones, y especialmente por la OTAN.
En cuanto al conflicto de Crimea, territorio poblado por rusos y que en 1954 Nikita Jrushchov (ucraniano) se lo transfirió a Ucrania amputándolo de Rusia. Está península con la caída de la Unión Soviética proclamó su independencia por unos días hasta que Yeltsin firmó un acuerdo por el cual se mantendría dentro de las fronteras ucranianas a cambio de una autonomía importante. Desde medios occidentales y desde los nacionalistas ucranianos se habla de que Rusia querría retomar el control de Crimea. Está versión no parece verosímil, ya que gracias a territorios como Crimea existe la posibilidad de un cambio político en Ucrania que sea más proclive a Rusia, y gracias a este y otros territorios rusófobos (en el Este del país y las costas), Rusia todavía puede negociar en buena posición la renovación del alquiler de la importante base naval de Sebastopol que finaliza en el 2017.
De todas maneras, no son las únicas monedas de cambio que tiene en su mano el renovado imperio ruso. La economía es una baza muy importante. Por una parte, los territorios más pudientes en Ucrania son los de habla rusa. Y por otra parte, el 22,6% de las exportaciones ucranianas están dirigidas a Rusia y el 35,5% de las importaciones vienen de allí también, la mayoría en forma de gas y petróleo. En este sentido, los nuevos
acuerdos entre Rusia y Uzbekistán en materia de gas podrán repercutir en un aumento de más del 100% del precio al que actualmente Ucrania compra el gas a Rusia, hecho que tendría un impacto muy negativo en la economía ucraniana. Por lo tanto no parecería extraño que Moscú comenzará a ejercer presiones sobre Ucrania, ofertándole el gas a precios rebajados a cambio de concesiones políticas.
Yulia Tymoshenko (fuente: wikipedia)
Y de este tema sabe mucho Tymoshenko, “la princesa del gas” como se le apodó tras su exitosa experiencia empresarial como Presidenta de Sistemas Unidos de Energía de Ucrania, una compañía privada que importaba gas natural y a la que se le presupone haber robado grandes cantidades de gas ruso. Por ello, Tymoshenko fue destituida por el presidente Leonid Kuchma en enero del 2001, bajo cargos de falsificación de documentos y contrabando de gas natural ruso durante su tiempo como Presidenta de Sistemas Unidos de Energía de Ucrania. Arrestada en febrero del 2001, fue finalmente liberada pero su esposo, Oleksandr, sigue prófugo de la justicia ucraniana.
No sabemos todo lo que se esconde detrás del gas y el petróleo, pero parece razonable pensar que la poca popularidad de la OTAN en el país y la la dependencia del suministro de gas y petróleo a la que está sometida Ucrania, pueden ser los motivos por los que Tymoshenko en su ansia de lograr la Presidencia de Ucrania en el 2010 haya considerado necesario rebajar su perfil antiruso y alinearse más con la posición ambigua de la UE, rechazando la agresiva de EEUU que ha sido la ha adoptada por el impopular actual Presidente del país, Yushenko.
En definitiva, una nueva crisis política en Ucrania con el telón de fondo de la guerra en Georgia y sobre todo las elecciones presidenciales de 2010. Ahora Tymoshenko tendrá 30 días para conformar un nuevo gobierno buscando apoyos entre los seguidores de Yanukovych, sino habrá elecciones una vez más.