2008/09/21

Saakashvili y sus necesidades (II)

La exclusión social contra Saakashvili y este contra los medios de comunicación

En septiembre de 2007 empezaron las primeras movilizaciones masivas, asociadas en parte al caso de Okruashvili, pero no sería hasta noviembre cuando llegaría el cenit. Las manifestaciones y concentraciones fueron abundantes y de gran tamaño (entre 50.000 y 100.000 personas), las impulsaban los partidos de la oposición con lemas contra la pobreza, el aumento de los precios, la corrupción y el autoritarismo del gobierno Saakashvili. Las protestas a pesar de ser pacíficas fueron dispersadas de forma violenta, con gases lacrimógenos y cañones de agua. El presidente acusó a los manifestantes de estar al servicio de Rusia e instigar un golpe de estado (vamos que él sabía perfectamente de que se trataba, fue así como accedió así al poder en 2003), y por ello declaró el estado de excepción y cerró la cadena de televisión Imedi, de la que eran socios propietarios el opositor multimillonario Badri Patarkatsishvili y la compañía de Rupert Murdoch, News Corporation.

Huelga decir que ambos no tienen absolutamente nada de pro rusos, en el caso de Murdoch habría que recordar que es él el principal valedor de los neocon en los medios de comunicación (Fox, Sky…), en su día apoyó a Margaret Thatcher y los últimos años ha hecho los mismo con Blair y Bush y sus halcones. Pero a pesar de esto, Saakashvili en su ambición por el poder tuvo la desfachatez de acusar al canal de instigar al golpe de estado y por lo tanto, estar al servicio de Rusia. Desde ese momento todos los medios de comunicación no podían emitir noticias, quedando reservado este derecho para los medios gubernamentales.

El nivel de represión utilizado contra las protestas horrorizó a los georgianos y alarmó a los aliados occidentales. El presidente de forma sorpresiva (para coger desprevenida a la oposición) adelantó las elecciones a enero de 2008. En la campaña electoral utilizó la carta del nacionalismo una vez más, acusó a la oposición de trabajar para Rusia y prometió que en su siguiente mandato reintegraría Osetia del Sur y Abjasia al control del gobierno georgiano.

Según fuentes oficiales Saakashvili ganó con un 53% de los votos. Los observadores internacionales concluyeron que la elección cumplió los mínimos democráticos a pesar de las numerosas irregularidades que recogieron (ausencia de medios de comunicación independientes, insuficiente control sobre las urnas electorales etc.), a pesar de ello la oposición volvió a movilizarse en Tbilisi denunciando el supuesto pucherazo electoral. Las protestas de fraude electoral continuaron una vez que Saakashvili accedió a su nuevo mandato. No era nuevo en Georgia, fue de esta manera como se produjo la revolución de las rosas. Entonces la acción pública masiva fue la forma de cambiar el gobierno, y los georgianos aún siguen creyendo que está es la única forma de desalojar del poder a quien lo detenta.



2008/09/17

Saakashvili y sus necesidades (I)

Defender posiciones contrarias a las tomadas por las potencias occidentales en el conflicto entre Georgia, Osetia del Sur, Abjasia y Rusia, produce en el contertuliano defensor de la política occidentalista ira y a menudo una actitud inquisitiva acusando a todo el que no mantenga estas posiciones de antiamericano y/o rusófilo. La imputación a veces puede llegar a rozar el insulto cuando sale de boca de aquellos que callaron ante las atrocidades rusas en Chechenia.

Es de mentalidad infantil esta forma de descalificar a quien aporta argumentos, preguntas y dudas. Es más, no hay que ser un lince para darse cuenta del doble rasero que aplica Occidente en diferentes conflictos. Este mismo año tenemos los casos de Kosovo, Osetia del Sur y Abjasia para compararlos. Lo que vale para los albanokosovares, no vale para los osetios o abjasios. Lo que no vale para los serbios vale para los georgianos. Lo que vale para los norteamericanos, no vale para los rusos, etc.

Hace dos meses no podría imaginarme a mi mismo escribiendo “en defensa” de ciertas versiones del gobierno y Presidente de Rusia. Esto se lo debería de contar a mis amigos rusos con los que he discutido a menudo sobre Putin y su régimen autoritario de carácter nacionalista y liberal-conservador; claro que es comprensible si tenemos en cuenta sobre quienes hablamos en este conflicto de Osetia del Sur. No sólo tratamos de Rusia y Putin, también tratamos de Georgia y Mijeíl Saakashvili, este último de parecido corte al de Putin.

Mijeíl Saakashvili no nació de la nada, antes de ser el fiel colaborador de Bush, fue el protegido de Eduard Shevardnadze (anterior presidente de Georgia entre 1992 y 2003). En 1995 entró a formar parte de la Unión Ciudadana por Georgia, partido del ex Ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética en la época de Gorbachov; ese mismo año ya fue elegido diputado y en el 2000 Shevardnadze lo designó Ministro de justicia. Aunque no duro mucho, un año más tarde provocó una serie de conflictos internos en el gobierno que desembocaron en un enfrentamiento con su padrino político. Finalmente, acabó fundando su propio partido de ideología nacionalista y conservadora-liberal, el Movimiento Nacional Unido. Dos eran sus objetivos principales; por una parte, lograr la restauración del control de los territorios separatistas de Osetia del Sur y Abjasia, y el semisepartista de Adjaria (capital Batumi, en la costa fronteriza con Turquía); y por otra parte, cimentar una alianza estrecha con EEUU y en general, con Occidente.

Es en las elecciones de noviembre de 2003 cuando Mijeíl Saakashvili comienza su asalto a la presidencia. Forma la coalición Alianza del Pueblo Unido con otros partidos y movimientos de la oposición para competir contra Sheverdnadze. El resultado oficial arrojó una victoria del viejo político georgiano, aunque eran numerosas las denuncias de irregularidades y fraude electoral. Estas sirvieron al movimiento opositor para movilizarse delante del Parlamento pidiendo la anulación de las elecciones. Finalmente, Sheverdnadze dimitió. La revolución de las rosas consiguió una nueva convocatoria electoral en 2004. La victoria de Saakshvili fue contundente. Una vez tomado el poder su popularidad creció más gracias al rápido éxito que obtuvo con la reintegración al control estatal del territorio de Adjaria, hasta entonces controlado por Aslan Abashide.

Animado por el éxito en Adjaria, Saakashvili continúo con su deseo de controlar todos los territorios separatistas. Estos esfuerzos fueron más intensos respecto a Osetia del Sur. Dentro de está labor se enmarca la creación en 2007 de una entidad administrativa autónoma provisional de Osetia del Sur con algunos disidentes de la República de Osetia del Sur. La constitución de esta, es un ejemplo del deterioro de las relaciones entre Georgia y la República de Osetia desde que Mikheil Saakashvili accedió al poder en Tbilisi e impulsó su política anexionista con los territorios separatistas. Como consecuencia, desde el año 2004, los episodios de violencia han vuelto a aparecer de forma intermitente hasta que este último año su situación ha comenzado a saltar a las páginas internacionales y ha acabado en guerra. Por otro lado, respecto a Abjasia, el otro territorio separatista, en 2006 el ejército georgiano efectuó una incursión en el valle de Kodori (Abjasia), recuperando la mayor parte del valle y estableciendo en ese pequeño territorio la República Autónoma de Abjasia (fiel a Saakashvili).

La liquidación de los adversarios políticos, el caso de Irakli Okruashvili

En política se ha demostrado como muy efectivo el discurso nacionalista, pero en países relativamente pobres como Georgia no puede perdurar como la prioridad número uno de la agenda política. Es bastante normal que antes o después entren en la agenda política asuntos como la pobreza, las desigualdades económicas y la corrupción. Por ello, en 2007, después de más de tres años de gobierno Saakashvili, entre la ciudadanía empezaba a haber cierto cansancio de los experimentos neoliberales a los que habían asistido. Las reformas entusiastas del libre mercado eran percibidas por muchos georgianos como irresponsables e insensibles con los más desfavorecidos.

Georgia desde la Revolución de las rosas había ganado prestigio internacional entre los círculos empresariales y de negocios, gracias a ello llegó una no desdeñable cantidad de inversión extranjera de la que una pequeña capa social de jóvenes se había aprovechado para poder acceder a unos salarios extremadamente altos. Mientras, la gran mayoría del país sufría las consecuencias una alta inflación con unos salarios miserables. En ese mismo año 2007, la media del salario mensual estaba en 107 GEL (alrededor de 53 euros). Este fue el auténtico motor de la crisis política que se originó en el 2007. Por esas fechas, el primer aviso vino con la salida del gobierno de Irakli Okruashvili, un estrecho colaborador de Saakashvili que ya fue Viceministro de Justicia cuando el actual presidente de Georgia era Ministro de Justicia de Shevardnadze. Okruashvili no era un cualquiera, participó en la fundación del Movimiento Nacional Unido y Saakashvili le nombró Ministro de interior en mayo de 2004 y Ministro de defensa en diciembre de 2004.

Durante su mandato como Ministro de defensa (2004 – 2006), Okruashvili georgiano nacido en Tskhinvali (la capital de Osetia del Sur), se hizo famoso por sus apariciones públicas favorables a utilizar acciones militares contra los separatistas. En este sentido tienen bastante sentido sus recientes declaraciones desde el exilio, en Paris, donde explicaba que Saakashvili y él ya planeaban la invasión de Osetia del Sur y Abjasia desde la época en la que él era Ministro de defensa.

Pero volvamos a Okrushvili para entender a través de su exilio cual es el auténtico talante autoritario de Saakashvili que han tratado de ocultar la mayoría de los medios de comunicación occidentales. El 25 de septiembre de 2007, Okruashvili anunció la formación de un partido político opositor, Movimiento Unidos por Georgia, y acusó al Presidente Saakashvili de corrupción, incompetencia y violaciones de los derechos humanos. Dos días después de las declaraciones, al más puro estilo putiniano, Okruashvili fue detenido por cargos de extorsión, blanqueo de dinero, y uso indebido de fondos públicos mientras era Ministro de defensa. El 28 de septiembre de 2007, varios partidos de la oposición organizaron una masiva y pacífica manifestación en apoyo de la Okruashvili delante del Parlamento de Georgia.

Finalmente, en octubre de 2007, a cambio de una confesión pública en video en la que se declaraba culpable y se retractaba de sus acusaciones contra el Presidente, fue puesto en libertad tras pagar 6 millones de dólares. Acto seguido abandonó el país alegando problemas de salud. Tras este sórdido capítulo propio de novelas de servicios de espionaje, la oposición acusó al gobierno de haber chantajeado y forzado a Okruashvili para que hiciera tales declaraciones.

El 5 de noviembre de 2007, Okruashvili hizo una aparición sorpresa en el canal privado Imedi TV alegando que mientras estaba en la cárcel fue obligado a retractarse de acusaciones contra el Presidente Saakashvili. Acto seguido la Fiscalía solicitó la detención y extradición de Okruashvili, propuesta que secundaron los tribunales georgianos y orden por la que fue detenido en Alemania en diciembre de 2007, aunque finalmente acabo en Francia donde fue puesto en libertad en abril de 2008 y le fue concedido asilo político.

Dimisión del Presidente del Parlamento de Ucrania

Está disparada la campaña preelectoral para la presidencia de Ucrania del 2010, y parece que la mejor forma de calentar motores para está será un nuevo adelanto electoral para las legislativas. Hoy con la dimisión del Presidente del Parlamento de Ucrania se cumple el acuerdo (juridicamente no vinculante) por el cual la coalición de partidos pro-occidentalistas habían acordado que en caso de ruptura de la coalición debían dimitir de sus cargos el jefe del Gobierno y el presidente de la Rada.

Con la ruptura de la coalición tiene 30 días el gobierno para lograr nuevos apoyos parlamentarios que aseguren su viabilidad. Esto quiere decir que ha de haber acuerdo entre alguno de los partidos pro-occidentales y los que no defienden estas posiciones. Sino lo hubiera es más que probable que el Presidente Yushenko disuelva el Parlamento y adelante elecciones. Nada nuevo, aunque a buen seguro servirá como primer test para las presidenciales.

2008/09/10

El resultado de la guerra convencional y los mecanismos de disuasión

Falta un mes escaso para que se empiece a plasmar el resultado de la guerra convencional sobre los papeles, aunque ya se ha iniciado la ejecución de gran parte de lo que se acordará a partir del día 15 de octubre en la Conferencia Internacional de Ginebra. Después vendrá la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU que decidirá sobre la prolongación del mandato de sus observadores, y aquí se creará un pequeño conflicto ya que Rusia pretenderá que a la sesión asistan delegaciones de ambas repúblicas secesionistas.

Fuente: imagen hecha por Andrei nacu, en wikipedia



Pero más allá de los rifi-rafes a los que asistamos, parece que la principal línea del resultado de la guerra convencional está bastante claro: Abjasia y Osetia del Sur seguirán siendo independientes, si bien con escaso reconocimiento internacional aunque tendrán mayor seguridad militar, política y jurídica de cara a evitar una invasión georgiana gracias a qué:

1.- Rusia ha reconocido la independencia de Osetia del Sur y de Abjasia y ha establecido relaciones diplomáticas con ambos territorios (embajadas y embajadores). Además, ha firmado una serie de acuerdos de amistad, cooperación y ayuda militar con ambas repúblicas que se materializará en el estacionamiento de 3.800 soldados en cada uno de los territorios autoproclamados independientes para evitar cualquier posible invasión georgiana. La independencia por ahora sólo ha sido reconocida por Rusia y Nicaragua. Bielorrusia ya ha apuntado que lo hará en breve. Más allá del número de reconocimientos internacionales que logren, parece ser que en esta ocasión como resultado de la guerra, ambas repúblicas van a tener más certidumbres sobre su futuro como países independientes por el apoyo explícito mostrado por Moscú.

2.- Se desplegarán observadores internacionales (al menos 200 europeos) en el “cinturón sanitario” que Rusia ha estado ocupando desde hace un mes en territorio georgiano, es decir en las zonas limítrofes con las repúblicas secesionistas. La fecha límite para que Rusia retire sus tropas y pacificadores de la zona es el 10 de octubre, y según informan diferentes medios de comunicación ya ha empezado la retirada. Estos observadores darán un plus de seguridad a la independencia de Osetia del Sur y Abjasia.

3.- Podría haber un acuerdo de asociación entre la Unión Europea y Georgia. EEUU ya ha adelantado que es muy posible que vuelva a rearmar y ayudar a reorganizar al ejército georgiano. En clave más político-económica, la Unión Europea ha abierto la puerta a una colaboración más estrecha con Ucrania (nadie se cree lo de la integración a corto-medio plazo) y muy probablemente, en los siguientes meses pueda hacer una oferta similar a Georgia. Si Tbilisi acepta un acuerdo de estas características, podría ser una forma de atar la agresividad contenida del gobierno georgiano y una manera eficaz de alejar cualquier deseo de invasión de las repúblicas secesionistas por su relación con la UE (y esperanzas de una futura aunque lejana adhesión). Si no se plasma un acuerdo de estas características, la colaboración militar con EEUU se profundizará y el tercer anillo de disuasión para la invasión no se ensamblaría; quedando dos anillos disuasorios para Tbilisi: el de los observadores internacionales en los territorios georgianos que circundan las fronteras de los territorios secesionistas, y el de las fuerzas militares rusas estacionadas en ambas repúblicas secesionistas.


2008/09/07

Nueva crisis política en Ucrania

A principios de este mes se ha vuelto a desatar la ya anual crisis política ucraniana, que no es más que el rebrote puntual de la que se viene arrastrando desde la revolución naranja del 2004. En aquella ocasión la disputa presidencial entre dos políticos, Yushenko y Yanukoych, ambos crecidos de la mano del Presidente Leonid Kuchma, abrió un periodo de lucha entre pro-occidentalistas (Yushenko y Timoshenko) y pro-rusos (Yanukovych) que se saldó con una victoria electoral de Yanukovych primero, y a renglón seguido una serie de denuncias de fraude electoral que desembocaron en una movilización social (la revolución naranja, apoyada por el Servicio Secreto de Ucrania –ex KGB-) que obligó a una parte del sistema a convocar una nueva cita electoral que arrojó la victoria de Yushenko.

Viktor Yanukovych (fuente: wikipedia)

Desde aquel entonces los diferentes aparatos estatales, los partidos y los votantes se han alineado en esta lucha por el poder que hemos resumido con el calificativo de lucha entre occidentalistas y pro-rusos. Evidentemente habría que matizar mucho está simplificación, aunque este no es el propósito del presente post (quizás lo tratemos en otra ocasión). La cuestión es que los equilibrios políticos se han escorado de un lado para otro constantemente, resultado de ello son las diferentes crisis y cambios de gobierno desde el 2004.

Los occidentalistas han estado divididos entorno a dos figuras políticas relevantes, Yushenko y Tymoshenko. Ambas personalidades protagonistas de la revolución naranja, tras está fueron aliados y gracias a ello Tymoshenko fue Primera Ministra (anteriormente también participó a finales de los noventa en el gobierno de Yushenko cuando este fue designado Primer Ministro por Kuchma), hasta que saltaron las diferencias entre ambos, en gran parte por ser dos personalidades políticas que disputan un espacio electoral similar. El resultado fue que Yushenko la cesó en septiembre de 2005. En las siguientes elecciones, una coalición entre el Partido de las Regiones (Yanukovich), Partido Comunista y Partido Socialista logró la mayoría parlamentaria para catapultar a Yanukovich como Primer Ministro. Poco más de un año duró el nuevo gobierno, ya que el Presidente Yushenko disolvió la cámara y anticipó elecciones en septiembre de 2007. El resultado en está ocasión, por un estrecho margen, favoreció a los prooccidentales de Yushenko y Tymoshenko. Está última con el 30% de los votos se convertía en Primera Ministra gracias a la coalición con el partido pro presidencialista Nuestra Ucrania.

Desde entonces ha pasado menos de un año y Nuestra Ucrania, el partido que apoya al Presidente Viktor Yushenko, ya ha abandonado la coalición parlamentaria de mayoría que formaba con el bloque de la Primera ministra Tymoshenko. La crisis política salpicada por la guerra entre Georgia y Rusia, tiene como motivo principal la aprobación en el Parlamento de una serie de leyes que merman el poder del Presidente. A raíz de este hecho, los seguidores de Yushenko han acusado a Tymoshenko y los suyos de traidores porque esta ha guardado silencio durante toda la crisis, al contrario que el Presidente que apoyó incondicionalmente al gobierno georgiano. En este contexto, el martes pasado el partido de Tymoshenko bloqueó una resolución parlamentaria de condena al gobierno ruso.



Yushenko es uno de los principales aliados de la Administración Bush


Pero por encima del conflicto en Georgia y sus posibles implicaciones en Ucrania. Lo que está realmente en juego es la Presidencia de Ucrania. Las elecciones serán en el 2010 y la popularidad del actual Presidente Yushenko está por los suelos (no llega al 10%). En cambio, Tymoshenko con una simpatía al alza entre el electorado, no quiere estropear sus oportunidades de alcanzar la Presidencia en la pugna que se le avecina con el también cada vez más popular Yanukovych. De ahí la reducción de su perfil pro-occidentalista, entendible en una Ucrania en las que los que apoyan su ingreso en la OTAN son sólo el 20% mientras que sus detractores rondan el 50%. Y ello a pesar de la imagen distorsionada que transmiten los medios de comunicación occidentales y Presidente y gobierno dando a entender que la integración en la OTAN y la UE es una prioridad de la ciudadanía ucraniana. Nada más lejos de la realidad, la mayoría de la población ucraniana no quiere ver al país integrándose en la OTAN y en la UE.

En las conversaciones que mantuve en Tbilisi con el corresponsal del Financial Times en Ucrania, Roman Olearchyk, en más de una ocasión me señaló que él cree que para Ucrania, Moldavia y Georgia se han de buscar posiciones intermedias respecto a su futuro político. No creía que fueran buenas las integraciones en la UE y en la OTAN, al menos a corto-medio plazo; y por su parte, apoyaba una estrecha colaboración con ambas instituciones y el reinició de una nueva colaboración con Rusia para que pudieran actuar como puentes entre Moscú y Occidente. Lo decía un ciudadano norteamericano con una clara tendencia pro occidental pero que aceptaba que el poderío militar, económico y político de Rusia era demasiado grande para meterle goles de ese estilo en su patio trasero, aunque sobre todo, admitía que en la población ucraniana no hay una excesiva simpatía por estas instituciones, y especialmente por la OTAN.

En cuanto al conflicto de Crimea, territorio poblado por rusos y que en 1954 Nikita Jrushchov (ucraniano) se lo transfirió a Ucrania amputándolo de Rusia. Está península con la caída de la Unión Soviética proclamó su independencia por unos días hasta que Yeltsin firmó un acuerdo por el cual se mantendría dentro de las fronteras ucranianas a cambio de una autonomía importante. Desde medios occidentales y desde los nacionalistas ucranianos se habla de que Rusia querría retomar el control de Crimea. Está versión no parece verosímil, ya que gracias a territorios como Crimea existe la posibilidad de un cambio político en Ucrania que sea más proclive a Rusia, y gracias a este y otros territorios rusófobos (en el Este del país y las costas), Rusia todavía puede negociar en buena posición la renovación del alquiler de la importante base naval de Sebastopol que finaliza en el 2017.

De todas maneras, no son las únicas monedas de cambio que tiene en su mano el renovado imperio ruso. La economía es una baza muy importante. Por una parte, los territorios más pudientes en Ucrania son los de habla rusa. Y por otra parte, el 22,6% de las exportaciones ucranianas están dirigidas a Rusia y el 35,5% de las importaciones vienen de allí también, la mayoría en forma de gas y petróleo. En este sentido, los nuevos acuerdos entre Rusia y Uzbekistán en materia de gas podrán repercutir en un aumento de más del 100% del precio al que actualmente Ucrania compra el gas a Rusia, hecho que tendría un impacto muy negativo en la economía ucraniana. Por lo tanto no parecería extraño que Moscú comenzará a ejercer presiones sobre Ucrania, ofertándole el gas a precios rebajados a cambio de concesiones políticas.

Yulia Tymoshenko (fuente: wikipedia)


Y de este tema sabe mucho Tymoshenko, “la princesa del gas” como se le apodó tras su exitosa experiencia empresarial como Presidenta de Sistemas Unidos de Energía de Ucrania, una compañía privada que importaba gas natural y a la que se le presupone haber robado grandes cantidades de gas ruso. Por ello, Tymoshenko fue destituida por el presidente Leonid Kuchma en enero del 2001, bajo cargos de falsificación de documentos y contrabando de gas natural ruso durante su tiempo como Presidenta de Sistemas Unidos de Energía de Ucrania. Arrestada en febrero del 2001, fue finalmente liberada pero su esposo, Oleksandr, sigue prófugo de la justicia ucraniana.

No sabemos todo lo que se esconde detrás del gas y el petróleo, pero parece razonable pensar que la poca popularidad de la OTAN en el país y la la dependencia del suministro de gas y petróleo a la que está sometida Ucrania, pueden ser los motivos por los que Tymoshenko en su ansia de lograr la Presidencia de Ucrania en el 2010 haya considerado necesario rebajar su perfil antiruso y alinearse más con la posición ambigua de la UE, rechazando la agresiva de EEUU que ha sido la ha adoptada por el impopular actual Presidente del país, Yushenko.

En definitiva, una nueva crisis política en Ucrania con el telón de fondo de la guerra en Georgia y sobre todo las elecciones presidenciales de 2010. Ahora Tymoshenko tendrá 30 días para conformar un nuevo gobierno buscando apoyos entre los seguidores de Yanukovych, sino habrá elecciones una vez más.