Las elecciones de julio han arrojado un resultado bastante curioso. Por una parte la victoria es clara para los comunistas, con alrededor del 45% de los votos y 48 diputados (de 101); pero por otra, por primera vez desde el 2001 el resto de los partidos suman más diputados al lograr 53: el Partido Liberal Democrático, 18 escaños; el Partido Liberal, 15; la Alianza Nuestra Moldavia, 7; y finalmente, el Partido Demócrata, 13 escaños. Por cierto, el subtitular de El País (“Los resultados fuerzan una coalición y disipan el peligro de nuevos disturbios”) confirma la teoría expuesta en el anterior post: cómo no ganen los míos no reconozco las elecciones, pero si ganan son exquisitamente democráticas. Esto tiene un nombre, chantaje.
En fin, las miserias de los pseudo golpistas. La cuestión es que este escenario nos retrotrae en parte al de 1998 cuando los comunistas ganaron las elecciones con una mayoría relativa (40 escaños), aunque en aquella ocasión la unión de dos partidos parlamentarios ya superaba el número de escaños de la izquierda. En cambio, en la actualidad el tablero es bastante más complicado, son cuatro las fuerzas parlamentarias que han de unirse para conformar un gobierno alternativo al comunista, y en caso de hacerlo, esta coalición no podría nombrar al Presidente de la República porque no tiene la mayoría cualificada de 61 escaños.
Así las cosas, ¿cómo valorar el resultado electoral y cómo predecir el futuro? Para esta tarea es clave abordar el papel del Partido Demócrata y su líder, el ex colaborador comunista, Marian Lupu.
En teoría el Partido Demócrata es un pequeño partido socialdemócrata que en las elecciones de abril quedó fuera del Parlamento al no superar la barrera electoral del 4% (obtuvo el 2,97%), pero en las elecciones de julio ha dado una pequeña sorpresa al pasar a recoger el 12,5% de los votos escrutados y lograr así 13 escaños. De esta manera se convirtió por un breve periodo en la novia más deseada por los dos bloques en pugna, tanto por los tres partidos de tendencia pro-rumana y de centro-derecha como por la izquierda representada por el Partido Comunista. Pero todo era un teatrillo, todo estaba decidido.
El relativo éxito del Partido Demócrata es el éxito de su candidato Marian Lupu. El figura ha trabajado para el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), pero esto no le ha impedido ser Ministro de Economía en el primer gobierno comunista y Presidente del Parlamento como candidato de los comunistas en la segunda legislatura de Voronin (para que veáis el perfil “peligroso” que ha tenido desde el 2001 el gobierno comunista moldavo).
Lupu pretendía ser el Presidente de Moldavia sustituyendo a Voronin después de las elecciones de abril, y es más que probable que así hubiese sido de haber alcanzado los 61 diputados el Partido Comunista. Al no haber llegado a esa marca la candidatura de izquierdas, optaron por proponer como candidata a la Primera Ministra del gobierno de centro-izquierda. Zinaida Greceanii había sido elegida cuatro años antes como Primera Ministra sin ser miembro del Partido Comunista y como parte de un acuerdo con los democristianos, quizás en algún momento pensaron que podría atraer algún voto de fuera del partido comunista (pero no fue así). Para el segundo intento de investidura pensaron en Lupu, pero él, a sabiendas de que no conseguiría los 61 escaños, decidió no presentarse porque con las nuevas elecciones y los intentos de golpe de estado su olfato le decía que podía quedarse sin silla; todo un drama para el personaje, ni Presidente del Parlamento ni Presidente de la República (lo que realmente ambiciona).
Lupu esperó hasta nada más y nada menos que el 3 de junio para separarse de los comunistas y ofrecerse al mejor postor. Ni corto ni perezoso buscaba partido que le pusiese como número uno. Finalmente aceptó la oferta del Partido Demócrata al que ha encabezado con un discurso socialdemócrata que es prácticamente calcado al del Partido Comunista. En política exterior el programa electoral era una reproducción del comunista, quizás algo más escorado hacia posiciones occidentalistas, más apreciable ahora si cabe tras los acontecimientos de abril que han dejado entre los comunistas una sensación de haber sido traicionados por Occidente, consecuencia de ello es que ahora subrayan más su opción de reforzar a Moldavia como un país neutral que aspira al ingreso en la UE.
Desde luego para los que estamos fuera de Moldavia la diferencia entre los programas comunista y demócrata es difícilmente apreciable. Pero no es ahí donde está la diferencia. En realidad la baza del pequeño partido de centro-izquierda ha sido mostrarse como un camino intermedio en un momento de polarización y conflicto. Su mensaje ha sido dirigido básicamente al electorado comunista moderado que aprueba la gestión del gobierno pero no se siente cómodo en la confrontación. Hablando claro, es un voto conservador que no quiere cambios bruscos y no quiere conflictos.
La valoración de los resultados
La participación del 58,77% en las elecciones de julio ha sido similar a la de abril y como veremos a continuación, los resultados tampoco han sido tan diferentes. Las fuerzas del centro-derecha han logrado 40 diputados, uno menos que en abril, un pobre resultado si tenemos en cuenta que por una parte su electorado está muy movilizado y motivado tras la revuelta de primavera, y por otro lado, la crisis económica se ha agudizado y ha afianzado su percepción entre la ciudadanía.
En cambio, los partidos de centro izquierda han subido un diputado quedándose en 61, mayoría cualificada contra la revuelta de abril y suficiente para la elección del Presidente. Otra cuestión es que en el reparto de esos 61 escaños los comunistas han perdido 12 diputados a favor de los demócratas, y lo más importante, lo oportunista de está formación que ha ocultado en campaña sus verdaderos objetivos bajo la cortina de la reconciliación nacional cuando lo que realmente le interesa es un asalto al poder cómo protagonista principal. Evitaron mencionar su pacto con las fuerzas de centro-derecha, montaron su teatrillo en campaña pero a los pocos días de las elecciones, exactamente el 8 de agosto (en pleno periodo vacacional), anunciaron el acuerdo entre los cuatro partidos bajo el nombre “Alianza por la Integración Europea”. No son más europeístas que los comunistas moldavos, y si fuesen más sinceros deberían haberse denominado “Alianza por la Integración en la OTAN”. Incluso se han atrevido a especular con un referéndum al respecto aunque pronto se han a bajado del carro… Y es que les faltan ocho votos (necesariamente comunistas) para conseguir la investidura del Presidente.
Pactos, incógnitas y predicciones
El Partido Comunista desde el principio ha mostrado su disposición a crear una coalición de centro-izquierda, no obstante el Partido Demócrata se ha negado a participar en una alianza exclusiva con los comunistas. Curioso pero sí se ha mostrado dispuesto a participar exclusivamente con el centro derecha nacionalista rumano. Y ¿por qué? Una cuestión de rentabilidad y precio político. Los democristianos pagaron caro su semi-alianza con los comunistas, tanto que han quedado fuera del parlamento de abril y el de julio, y ese riesgo no quiere abordarlo el Partido Demócrata. Pero además está la cuestión de la rentabilidad política. Los 13 diputados demócratas al lado de los 48 comunistas lo tienen difícil para conseguir el mismo nivel de rentabilidad política que en una coalición con la fragmentada derecha. Por ello, a pesar de ser el tercer socio (en tamaño) de la coalición de centro-derecha, ha conseguido imponer como candidato presidencial a Lupu. También lo hacen porque es la única posibilidad que tienen de conseguir algún voto de los comunistas… aunque no parece que vaya a ser tan fácil. Por mucho que de repente comiencen a moderar su discurso atlantista, necesitarían ocho tránsfugas (muchos parecen aunque nunca se sabe).
Hasta el momento el Partido Comunista ha tenido dos tendencias, una moderada liderada por Mark Tkachiuk, el asesor de Voronin; y otra, radical encabezada por el líder comunista Vladimir Tsurkan. Sin embargo, tras los acontecimientos de abril, el resultado electoral de julio y el papel jugado por Lupu, el otrora aliado de los comunistas moderados, en el plenario del Partido Comunista del 22 de agosto se invirtieron los papeles, y los hasta entonces radicales no se mostraron tajantes respecto a posibles acuerdos con los partidos de centro-derecha, mientras los moderados (¿dolidos?) fueron duros y claros a la hora de afirmar su voluntad de no colaborar con la coalición de occidentalistas. Esta última posición fue la vencedora, y por lo tanto, a priori podría pronosticarse que no habrá acuerdo alguno entre los comunistas y la coalición de centro-derecha para la elección del Presidente de la República de Moldavia (aunque nunca se sabe…).
Por lo tanto, la situación de bloqueo está una vez más servida. El pasado viernes 28 de agosto, probablemente violando varios preceptos constitucionales, fue elegido como Presidente del Parlamento el líder del Partido Liberal y nacionalista rumano Mihai Ghimpu. El siguiente paso será la elección del Primer Ministro por parte de la coalición de centro-derecha, y finalmente, llegará el momento clave, la imposibilidad de la elección del Presidente de la República; aunque en esta ocasión no habrá una nueva convocatoria electoral, ya que la constitución no permite una tercera elección en el mismo año. Así las cosas, seguirá siendo Presidente de la República el comunista Voronin al que le tocará convocar elecciones para el año 2010. Hasta entonces, la inestabilidad política será una constante en esta pequeña república.
En fin, las miserias de los pseudo golpistas. La cuestión es que este escenario nos retrotrae en parte al de 1998 cuando los comunistas ganaron las elecciones con una mayoría relativa (40 escaños), aunque en aquella ocasión la unión de dos partidos parlamentarios ya superaba el número de escaños de la izquierda. En cambio, en la actualidad el tablero es bastante más complicado, son cuatro las fuerzas parlamentarias que han de unirse para conformar un gobierno alternativo al comunista, y en caso de hacerlo, esta coalición no podría nombrar al Presidente de la República porque no tiene la mayoría cualificada de 61 escaños.
Así las cosas, ¿cómo valorar el resultado electoral y cómo predecir el futuro? Para esta tarea es clave abordar el papel del Partido Demócrata y su líder, el ex colaborador comunista, Marian Lupu.
En teoría el Partido Demócrata es un pequeño partido socialdemócrata que en las elecciones de abril quedó fuera del Parlamento al no superar la barrera electoral del 4% (obtuvo el 2,97%), pero en las elecciones de julio ha dado una pequeña sorpresa al pasar a recoger el 12,5% de los votos escrutados y lograr así 13 escaños. De esta manera se convirtió por un breve periodo en la novia más deseada por los dos bloques en pugna, tanto por los tres partidos de tendencia pro-rumana y de centro-derecha como por la izquierda representada por el Partido Comunista. Pero todo era un teatrillo, todo estaba decidido.
El relativo éxito del Partido Demócrata es el éxito de su candidato Marian Lupu. El figura ha trabajado para el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), pero esto no le ha impedido ser Ministro de Economía en el primer gobierno comunista y Presidente del Parlamento como candidato de los comunistas en la segunda legislatura de Voronin (para que veáis el perfil “peligroso” que ha tenido desde el 2001 el gobierno comunista moldavo).
Lupu pretendía ser el Presidente de Moldavia sustituyendo a Voronin después de las elecciones de abril, y es más que probable que así hubiese sido de haber alcanzado los 61 diputados el Partido Comunista. Al no haber llegado a esa marca la candidatura de izquierdas, optaron por proponer como candidata a la Primera Ministra del gobierno de centro-izquierda. Zinaida Greceanii había sido elegida cuatro años antes como Primera Ministra sin ser miembro del Partido Comunista y como parte de un acuerdo con los democristianos, quizás en algún momento pensaron que podría atraer algún voto de fuera del partido comunista (pero no fue así). Para el segundo intento de investidura pensaron en Lupu, pero él, a sabiendas de que no conseguiría los 61 escaños, decidió no presentarse porque con las nuevas elecciones y los intentos de golpe de estado su olfato le decía que podía quedarse sin silla; todo un drama para el personaje, ni Presidente del Parlamento ni Presidente de la República (lo que realmente ambiciona).
Lupu esperó hasta nada más y nada menos que el 3 de junio para separarse de los comunistas y ofrecerse al mejor postor. Ni corto ni perezoso buscaba partido que le pusiese como número uno. Finalmente aceptó la oferta del Partido Demócrata al que ha encabezado con un discurso socialdemócrata que es prácticamente calcado al del Partido Comunista. En política exterior el programa electoral era una reproducción del comunista, quizás algo más escorado hacia posiciones occidentalistas, más apreciable ahora si cabe tras los acontecimientos de abril que han dejado entre los comunistas una sensación de haber sido traicionados por Occidente, consecuencia de ello es que ahora subrayan más su opción de reforzar a Moldavia como un país neutral que aspira al ingreso en la UE.
Desde luego para los que estamos fuera de Moldavia la diferencia entre los programas comunista y demócrata es difícilmente apreciable. Pero no es ahí donde está la diferencia. En realidad la baza del pequeño partido de centro-izquierda ha sido mostrarse como un camino intermedio en un momento de polarización y conflicto. Su mensaje ha sido dirigido básicamente al electorado comunista moderado que aprueba la gestión del gobierno pero no se siente cómodo en la confrontación. Hablando claro, es un voto conservador que no quiere cambios bruscos y no quiere conflictos.
La valoración de los resultados
La participación del 58,77% en las elecciones de julio ha sido similar a la de abril y como veremos a continuación, los resultados tampoco han sido tan diferentes. Las fuerzas del centro-derecha han logrado 40 diputados, uno menos que en abril, un pobre resultado si tenemos en cuenta que por una parte su electorado está muy movilizado y motivado tras la revuelta de primavera, y por otro lado, la crisis económica se ha agudizado y ha afianzado su percepción entre la ciudadanía.
En cambio, los partidos de centro izquierda han subido un diputado quedándose en 61, mayoría cualificada contra la revuelta de abril y suficiente para la elección del Presidente. Otra cuestión es que en el reparto de esos 61 escaños los comunistas han perdido 12 diputados a favor de los demócratas, y lo más importante, lo oportunista de está formación que ha ocultado en campaña sus verdaderos objetivos bajo la cortina de la reconciliación nacional cuando lo que realmente le interesa es un asalto al poder cómo protagonista principal. Evitaron mencionar su pacto con las fuerzas de centro-derecha, montaron su teatrillo en campaña pero a los pocos días de las elecciones, exactamente el 8 de agosto (en pleno periodo vacacional), anunciaron el acuerdo entre los cuatro partidos bajo el nombre “Alianza por la Integración Europea”. No son más europeístas que los comunistas moldavos, y si fuesen más sinceros deberían haberse denominado “Alianza por la Integración en la OTAN”. Incluso se han atrevido a especular con un referéndum al respecto aunque pronto se han a bajado del carro… Y es que les faltan ocho votos (necesariamente comunistas) para conseguir la investidura del Presidente.
Pactos, incógnitas y predicciones
El Partido Comunista desde el principio ha mostrado su disposición a crear una coalición de centro-izquierda, no obstante el Partido Demócrata se ha negado a participar en una alianza exclusiva con los comunistas. Curioso pero sí se ha mostrado dispuesto a participar exclusivamente con el centro derecha nacionalista rumano. Y ¿por qué? Una cuestión de rentabilidad y precio político. Los democristianos pagaron caro su semi-alianza con los comunistas, tanto que han quedado fuera del parlamento de abril y el de julio, y ese riesgo no quiere abordarlo el Partido Demócrata. Pero además está la cuestión de la rentabilidad política. Los 13 diputados demócratas al lado de los 48 comunistas lo tienen difícil para conseguir el mismo nivel de rentabilidad política que en una coalición con la fragmentada derecha. Por ello, a pesar de ser el tercer socio (en tamaño) de la coalición de centro-derecha, ha conseguido imponer como candidato presidencial a Lupu. También lo hacen porque es la única posibilidad que tienen de conseguir algún voto de los comunistas… aunque no parece que vaya a ser tan fácil. Por mucho que de repente comiencen a moderar su discurso atlantista, necesitarían ocho tránsfugas (muchos parecen aunque nunca se sabe).
Hasta el momento el Partido Comunista ha tenido dos tendencias, una moderada liderada por Mark Tkachiuk, el asesor de Voronin; y otra, radical encabezada por el líder comunista Vladimir Tsurkan. Sin embargo, tras los acontecimientos de abril, el resultado electoral de julio y el papel jugado por Lupu, el otrora aliado de los comunistas moderados, en el plenario del Partido Comunista del 22 de agosto se invirtieron los papeles, y los hasta entonces radicales no se mostraron tajantes respecto a posibles acuerdos con los partidos de centro-derecha, mientras los moderados (¿dolidos?) fueron duros y claros a la hora de afirmar su voluntad de no colaborar con la coalición de occidentalistas. Esta última posición fue la vencedora, y por lo tanto, a priori podría pronosticarse que no habrá acuerdo alguno entre los comunistas y la coalición de centro-derecha para la elección del Presidente de la República de Moldavia (aunque nunca se sabe…).
Por lo tanto, la situación de bloqueo está una vez más servida. El pasado viernes 28 de agosto, probablemente violando varios preceptos constitucionales, fue elegido como Presidente del Parlamento el líder del Partido Liberal y nacionalista rumano Mihai Ghimpu. El siguiente paso será la elección del Primer Ministro por parte de la coalición de centro-derecha, y finalmente, llegará el momento clave, la imposibilidad de la elección del Presidente de la República; aunque en esta ocasión no habrá una nueva convocatoria electoral, ya que la constitución no permite una tercera elección en el mismo año. Así las cosas, seguirá siendo Presidente de la República el comunista Voronin al que le tocará convocar elecciones para el año 2010. Hasta entonces, la inestabilidad política será una constante en esta pequeña república.






7 comentarios:
Un resumen perfecto del triunfo de, como dices tu, los "pseudogolpistas" en Republica Moldova. Aunque la presencia del comunista Lupu en la coalicion (digo comunista por no decir socialdemocrata, ya que ambas etiquetas valen igual tanto para Lupu como para el PCRM) seguro que les hace plegarse un poco a la influencia de Moscu. Creo que para Moscu puede que Lupu sea incluso un mejor aliado que Voronin, porque no lleva el "lastre" de la etiqueta roja en sus siglas, aunque en el fondo defienden lo mismo.
En fin, lo cierto es que, a no ser que los diplomaticos de Moscu convenzan a Voronin y a Lupu para trabajar juntos en favor de los intereses comunes, llevando a rastras a los partidos golpistas prorrumanos, el bloqueo y la continuacion del caos en Rep. Moldava esta garantizada.
Gracias Jose Luis. Probablemente tengas razón respecto a que Lupu puedas ser una aliado más útil para Rusia, al no tener el estigma de ser el candidato del Partido Comunista, pero no creo que finalmente Voronin y Lupu trabajen juntos. Sería una bajada de pantalones bastante grande por parte del PCRM darle la Presidencia a Lupu, ya que sólo en ese caso se lo pensaría. Mientras, la coalición de los atlántistas y nacionalistas rumanos ya lo han nombrado como candidato para Presidendete.
De todas maneras, creo que no es comparable Lupu con el PCRM; se puede estar de acuerdo o no con este partido, con sus lideres o/y con sus políticas, pero en su conjunto (no quiere decir que no haya elementos) no es un partido que se mueva exclusivamente por la ambición de poder, tal y como la que tiene el Lupu... y por si teníamos alguna duda, no para de aclararla.
Saludos
Asier muchas gracias por este resumen de la situación en Moldavia. Excelente. Sólo me queda una duda, y toda esta inestabilidad a quien beneficia, cómo puede acabar todo dentro de un año. ¿Algo de predicción se puede hacer?
Acertadísimo resumen, brillante... no me imaginaba que estubiera tan liada la cosa.
En un anterior post me comentabas la posibilidad de preguntar a novia/familia/amigos moldavos qué pensaban del tema. La verdad es que mi novia está bastante apartada del tema político, pero a mediados de este mes estaré un mes en Moldavia y sondearé en su mi entorno, a ver qué opinión tienen ellos. Y cuando vuelva postearé por aquí en la próxima entrada sobre Moldavia ;-)
Hola Asier,
Me referia a que la politica del PCRM y del PD de Lupu en el fondo sera parecida. Evidentemente la actitud de Lupu es bastante mas reprochable que la de Voronin, que, formalmente, y desde mi punto de vista, es irreprochable (incluso en los dias del intento de golpe de estado o revolucion de colorines).
En fin, como se vienen nuevas elecciones anticipadas, continuaremos atentos a los acontecimientos
Salud
Ricardoq Gracias por tu comentario. Yo ayer mismo conversaba con amistades moldavas y he seguido quedándome con la impresión que tenía en abril. Distingo tres posiciones. Una claramente favorable a los comunistas, “reconocen todo el trabajo que han hecho en estabilizar el país y creen que es la mejor opción para seguir avanzando”, evidentemente son contrarios a la oposición de centro derecha; otra posición es la que hace el mismo reconocimiento a los comunistas, pero que tampoco ven mal un cambio de gobierno aunque desconfían de los liberales, que los ven como nacionalistas rumanos y desestabilizadores. Y finalmente, conozco el perfil de los nacionalistas rumanos, que ojo, reconocen la labor de estabilización hecha por el partido comunista en el gobierno, pero son antagonistas en lo nacional y por lo tanto, buscan su derrocamiento. No es por una cuestión de disputa en el eje izquierda – derecha, este realmente se sobrepone al continuum que tiene más importancia en el discurso:
Viabilidad Moldavia ------- Integración en Rumania
Que también es interpretable como:
Colaboración con Rusia ------- occidentalismo (rusofobia)
Pero seguro que hay más perfiles, después de un mes por allí seguro que nos puedes comentar otros perfiles e impresiones.
Muchas gracias y hasta pronto, saludos
Javier y Jose Luis gracias por vuestros comentarios. Totalmente de acuerdo contigo Jose Luis, y Javier, algo escribiré sobre el futuro cuando tenga un poco de tiempo y se vayan desarrollando los acontecimientos, habrá tercera parte, saludos.
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