Este verano he estado por América, primero por temas de trabajo, y luego, aprovechando la ocasión me junté con mi compañera en Venezuela para conocer este hermoso país y curiosear políticamente. Este break me ha aportado dos cosas. Por una parte me ha ayudado a ser un poco más consciente de los niveles de manipulación informativa y política a los que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación; y por otra parte, me ha servido para desintoxicarme del espacio postsoviético después de haber pasado muchos veranos en países que formaron parte de la Unión Soviética.
La cuestión es que tengo un poco abandonada a Letonia. Han pasado unos cuantos meses que no me paso por allí; tanto es así que en los últimos cuatro años es el intervalo más amplio de tiempo en el que he estado sin visitar esta pequeña república báltica, y la verdad que tengo bastante morriña. La hecho de menos, y más ahora que hemos pasado más de una semana con una invasión letona en casa. Pero me parece que no me voy a demorar mucho más en visitarla, quiero pasarme por allí este trimestre.
Mientras, las noticias que nos llegan del país siguen siendo igual de catastróficas. El estado sigue adelgazando. El verano ha servido para que el gobierno implemente una serie de decisiones dirigidas a derrumbar lo poco que quedaba de sanidad pública y lo que antaño era una educación pública más o menos eficiente.
Ahora en septiembre se espera que se concluya la fase de cierre de 29 hospitales (para que no perdamos la perspectiva, hablamos de un país de poco más de dos millones de habitantes). En contra de estos cierres ha habido algunas tímidas movilizaciones (el vídeo que está al final de esta entrada muestra la movilización en el pueblo fronterizo de Bauska contra el cierre del hospital). Pero tan grave como el cierre de los hospitales es el aumento de las tasas por la utilización de estos y por las pruebas e intervenciones médicas. El pago no es nada nuevo en Letonia, recuerdo como quedé impresionado en mi primera visita a un hospital rigueño. Había una ventanilla donde pagabas por todo, el análisis de orina, la consulta al médico, la ecografía etc. Desde entonces los precios han subido una barbaridad, pero lo que tiene especial gravedad es que cada centro médico tiene autonomía para fijarlos (en la práctica es una semi-privatización). Es decir, según qué tipo de intervención y según qué hospital “público”, la factura puede ser más o menos alta. Por ejemplo, estos días me han comentado que para corregir mediante operación una fractura de brazo mal sanada, son 90 euros a los que hay que sumarles 18 euros por cada día de estancia hospitalaria (en el diario Público hablaban de que se puede llegar a pagar hasta 35 euros por cada día). Toda una pequeña fortuna para una pequeña intervención médica sin especial relevancia. Y digo una fortuna porque la media letona del salario bruto son 473 lats, de los que aproximadamente un tercio se escapan en impuestos, lo que arroja un salario neto mensual de 312 lats (445 euros). Pero claro, hay que tener en cuenta que la media siempre es más baja que la mediana (sabiduría popular: si hay dos personas y dos pollos, la media no deja de ser un pollo por persona aunque una de ellas se haya comido los dos pollos).
La situación es trágica. A medida que la operación es más dificultosa, el precio es más alto. En teoría se supone que si es urgente la intervención quirúrgica (p.ej., en caso de accidente de tráfico, apendicitis, etc.), ésta no hay que pagarla, pero sí la estancia y los medicamentos. En teoría, claro, porque hay operaciones que son de vital importancia, como las de cáncer, sin embargo o tienen unos precios elevadísimos o directamente no se practican por falta de medios. Es más que posible que ya estén dejando que la gente muera porque no puede… sufragar los gastos. La realidad es dura porque los problemas médicos no empiezan ni finalizan en un accidente de tráfico. Una de las claves de una buena salud es la prevención o pronto diagnóstico de las enfermedades, y para ello hay que pagar escaners y todo tipo de pruebas que evidentemente la gente corriente de la calle no puede costearse.
El futuro es muy preocupante. Tras la caída de la Unión Soviética, Letonia sufrió una disminución de la esperanza de vida al nacer que empezó a recuperarse con la entrada en el siglo XXI. Actualmente el dato es de 66 años para los hombres y 77 para las mujeres. Pero a la vista de las circunstancias que rodean a la (in)existente sanidad pública, no parece excesivamente arriesgado predecir una nueva caída. El problema demográfico se agudizará aún más; hasta el Primer Ministro letón ha tenido que admitir que el éxodo de trabajadores a Europa occidental es inevitable.
Recientemente, la embajada de Canadá en Riga ha aumentado el número de permisos de trabajo destinados a Letonia, y además, ha iniciado una campaña para lograr atraer a los mejor preparados para el mundo laboral. En la situación de crisis actual, las personas con más estudios y capacidades adquiridas en el sistema público de educación están huyendo. ¿Y qué pasa con el resto? Ahora se van los mejores, pero ya prometen que con la salida de la crisis en los países occidentales, de Letonia se marcharán decenas de miles de personas en busca de oportunidades. Al día de hoy, alrededor del 15% de la fuerza laboral letona (unas 200.000 personas) está trabajando en alguno de los países occidentales de la UE, la mayoría en Irlanda, el Reino Unido y Suecia aunque ya empiezan a cotizar al alza estados sureños como España.
La cuestión es que tengo un poco abandonada a Letonia. Han pasado unos cuantos meses que no me paso por allí; tanto es así que en los últimos cuatro años es el intervalo más amplio de tiempo en el que he estado sin visitar esta pequeña república báltica, y la verdad que tengo bastante morriña. La hecho de menos, y más ahora que hemos pasado más de una semana con una invasión letona en casa. Pero me parece que no me voy a demorar mucho más en visitarla, quiero pasarme por allí este trimestre.
Mientras, las noticias que nos llegan del país siguen siendo igual de catastróficas. El estado sigue adelgazando. El verano ha servido para que el gobierno implemente una serie de decisiones dirigidas a derrumbar lo poco que quedaba de sanidad pública y lo que antaño era una educación pública más o menos eficiente.
Ahora en septiembre se espera que se concluya la fase de cierre de 29 hospitales (para que no perdamos la perspectiva, hablamos de un país de poco más de dos millones de habitantes). En contra de estos cierres ha habido algunas tímidas movilizaciones (el vídeo que está al final de esta entrada muestra la movilización en el pueblo fronterizo de Bauska contra el cierre del hospital). Pero tan grave como el cierre de los hospitales es el aumento de las tasas por la utilización de estos y por las pruebas e intervenciones médicas. El pago no es nada nuevo en Letonia, recuerdo como quedé impresionado en mi primera visita a un hospital rigueño. Había una ventanilla donde pagabas por todo, el análisis de orina, la consulta al médico, la ecografía etc. Desde entonces los precios han subido una barbaridad, pero lo que tiene especial gravedad es que cada centro médico tiene autonomía para fijarlos (en la práctica es una semi-privatización). Es decir, según qué tipo de intervención y según qué hospital “público”, la factura puede ser más o menos alta. Por ejemplo, estos días me han comentado que para corregir mediante operación una fractura de brazo mal sanada, son 90 euros a los que hay que sumarles 18 euros por cada día de estancia hospitalaria (en el diario Público hablaban de que se puede llegar a pagar hasta 35 euros por cada día). Toda una pequeña fortuna para una pequeña intervención médica sin especial relevancia. Y digo una fortuna porque la media letona del salario bruto son 473 lats, de los que aproximadamente un tercio se escapan en impuestos, lo que arroja un salario neto mensual de 312 lats (445 euros). Pero claro, hay que tener en cuenta que la media siempre es más baja que la mediana (sabiduría popular: si hay dos personas y dos pollos, la media no deja de ser un pollo por persona aunque una de ellas se haya comido los dos pollos).
La situación es trágica. A medida que la operación es más dificultosa, el precio es más alto. En teoría se supone que si es urgente la intervención quirúrgica (p.ej., en caso de accidente de tráfico, apendicitis, etc.), ésta no hay que pagarla, pero sí la estancia y los medicamentos. En teoría, claro, porque hay operaciones que son de vital importancia, como las de cáncer, sin embargo o tienen unos precios elevadísimos o directamente no se practican por falta de medios. Es más que posible que ya estén dejando que la gente muera porque no puede… sufragar los gastos. La realidad es dura porque los problemas médicos no empiezan ni finalizan en un accidente de tráfico. Una de las claves de una buena salud es la prevención o pronto diagnóstico de las enfermedades, y para ello hay que pagar escaners y todo tipo de pruebas que evidentemente la gente corriente de la calle no puede costearse.
El futuro es muy preocupante. Tras la caída de la Unión Soviética, Letonia sufrió una disminución de la esperanza de vida al nacer que empezó a recuperarse con la entrada en el siglo XXI. Actualmente el dato es de 66 años para los hombres y 77 para las mujeres. Pero a la vista de las circunstancias que rodean a la (in)existente sanidad pública, no parece excesivamente arriesgado predecir una nueva caída. El problema demográfico se agudizará aún más; hasta el Primer Ministro letón ha tenido que admitir que el éxodo de trabajadores a Europa occidental es inevitable.
Recientemente, la embajada de Canadá en Riga ha aumentado el número de permisos de trabajo destinados a Letonia, y además, ha iniciado una campaña para lograr atraer a los mejor preparados para el mundo laboral. En la situación de crisis actual, las personas con más estudios y capacidades adquiridas en el sistema público de educación están huyendo. ¿Y qué pasa con el resto? Ahora se van los mejores, pero ya prometen que con la salida de la crisis en los países occidentales, de Letonia se marcharán decenas de miles de personas en busca de oportunidades. Al día de hoy, alrededor del 15% de la fuerza laboral letona (unas 200.000 personas) está trabajando en alguno de los países occidentales de la UE, la mayoría en Irlanda, el Reino Unido y Suecia aunque ya empiezan a cotizar al alza estados sureños como España.






3 comentarios:
dicen que letonia puede ser el primer país de la CE en quebrar
El problema no es solo ese. El problema es qué futuro tiene el país. Y ahí me temo que no hay muchas ideas
En letonia quizá la gente no está acostumbrada a tener muchas cosas materiales pero sí han tenido siempre trabajo y un país con unos servicios para todos. Renunciar a eso o simplemente ser conscientes de que no lo tendrán...
No sé qué hace la CE en el caso de letonia pero hay sectores en ese país muy competitivos y muy interesantes. El turismo en verano como bien sabes jurmala podría ser la mallorca del norte
Cómo puede terminar así un país con gente formada en europa, que conocen el mundo, es gente con la que puedes hablar de lo que pasa en el mundo, están enterados, hay conexión a internet por todas partes y cualquier cosa que tú puedes comprar en europa allí también la venden. Pienso en letonia y no me parece un país que merezca una situación de miseria y mucho menos de marginación
Es el futuro que espera a los paises del este en estos tiempos que corren. Supongo que sus habitantes se daran cuenta de lo que perdieron hace 20 años y de lo que les han estado mangoneando hasta hoy. ¿O la narcotizacion es irreversible?
Nemigo en general creo que nadie se merece por lo que está pasando Letonia, y sobre todo la ciudadanía. Pero en el caso de Letonia se han hecho demasiados cosas mal, y han tenido una clase política corrupta y manipuladora. El tema del odio hacia todo lo ruso ha actuado como una cortina de humo sobre todo lo que ocurría. Les ha servido para desviar discusiones y tomas de decisiones importantes, para ocultarlas y para apretar filas de todos los nacionalistas letones alrededor de políticas económicas y sociales que se han demostrado un fracaso. Y mientras el país, desde la caída de la Unión Soviética sigue vaciándose. Hay más muertes anuales que nacimientos desde 1991, a ello habría que unirle toda la gente que ha salido fuera, que ha emigrado... Y la que se va ir.
Y en este periodo de independencia, lo que han hecho es cerrar fábricas de electrodomésticos, de automoviles, de construcción de vagones de tren... La industria ha desaparecido. Y del turismo sólo no se puede vivir, sobre todo si estas en el norte, por muy bonito que sea Jurmala, allí el interés lo tienen los rusos, el turismo extranjero de Jurmala es básicamente ruso: se han comprado mansiones y casas, allí celebraron el año pasado el festival este de la canción, estilo eurovisión, en el que parcipan los países de la CEI y algunos freelance de occidente. Lo organiza la TV rusa. Y eso lo sabe el gobierno letón, por eso los acuerdo con el gobierno ruso para impulsar más el turismo en Letonia. Los primeros clientes turísticos de Letonia son los rusos, y el crecimiento potencial más grande lo tienen los rusos, pero, esto es un problema político también.
En cambio, para los occidentales, Jurmala nunca será una Mallorca, por el tiempo, la temperatura del agua, porque los precios son caros... te cojes un ryanair y te vas a Turquía, Croacia, España o donde sea, los precios son más bajos (porque entre otras cosas no tienen que exportar todo como pasa en Letonia) y santas pascuas. Y aquí llegamos a la necesidad de devaluar, para ser más competitivos, y para crear un tejido industrial. Para que no venga IKEA y se lleve tu madera (el 75% del territorio letón era bosque cuando cayó la Unión Soviética, ahora no se sabe...) para fabricar los productos fuera. Lo que necesita Letonia es que la materia prima teniéndola, la madera, sea capaz de transformarla también para llevarse un valor añadido más alto... etc. etc.
Además, Letonia a su favor tiene que podría ser un puente comercial (en parte lo es) entre la UE y Rusia. Pero esto también tiene problemas políticos.
Y un último punto, aunque no por ello desdeñable, los letones, creo realmente que no quieren demasiado a su país, odian mucho a los rusos, eso sí, pero eso no es sinónimo de querer a tu país. Y aquí engancho con José Luis , la narcotización es irreversible, pero creo que lo es porque las oportunidades las pueden encontrar en otros lados, pueden irse a Europa Occidental, trabajar, hacer sus viajecitos low cost y en general, engancharse a toda esa cultura consumista de bajo costo que nos han impuesto como solución a la precariedad económica que vivimos las nuevas generaciones, eso combinado con una sensación de que no se puede hacer nada, no se puede cambiar nada y más vale carpe diem... pues nada, a sobrevivir con una visión hedonista (pasandome un poco de frenada :) ).
¡saludos!
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