9 de noviembre de 2009, pasaban las diez de la noche y la gente seguía apelotonándose delante de los pasos fronterizos. La ilusión la había encendido una rueda de prensa. Poco antes de las 19:00 horas el miembro del Politburó del Partido, Günther Schabowski, anunciaba en una rueda de prensa retransmitida en directo por Televisión que su gobierno había decidido permitir a sus ciudadanos viajar al oeste. Ante la insistente pregunta de un periodista respecto al momento de la apertura, finalmente afirmó que él entendía que la medida entraba en vigor desde ese mismo instante.
El primero en sucumbir a la presión de la gente fue el punto de control de Bornholmerstrasse que abrió a las 23:00 horas. Después fueron cayendo uno a uno el resto de puestos fronterizos mientras la noticia se extendía por ambas partes del muro de Berlín. Poco a poco el trasiego de gente fue ocupando la calles a ambos lados del muro; de la noche se apoderó una alegría que tomaba cuerpo en abrazos, besos y brindis interminables. El final del muro había llegado. 28 años, dos meses y 27 días después de su construcción el pueblo armado con cinceles y martillos empezaba su derribo. La mañana siguiente, la destrucción continuaba con más fuerza, cada vez era más gente la que se unía a la celebración.
Finalizó el siglo XX, un siglo de duración corta que como explicó Eric Hobswam se inició con la I Guerra Mundial (y la Revolución bolchevique) y se cerraba con la caída del Muro de Berlín.
La fiesta de bienvenida al nuevo siglo se alargó durante varias semanas.
El primero en sucumbir a la presión de la gente fue el punto de control de Bornholmerstrasse que abrió a las 23:00 horas. Después fueron cayendo uno a uno el resto de puestos fronterizos mientras la noticia se extendía por ambas partes del muro de Berlín. Poco a poco el trasiego de gente fue ocupando la calles a ambos lados del muro; de la noche se apoderó una alegría que tomaba cuerpo en abrazos, besos y brindis interminables. El final del muro había llegado. 28 años, dos meses y 27 días después de su construcción el pueblo armado con cinceles y martillos empezaba su derribo. La mañana siguiente, la destrucción continuaba con más fuerza, cada vez era más gente la que se unía a la celebración.
Finalizó el siglo XX, un siglo de duración corta que como explicó Eric Hobswam se inició con la I Guerra Mundial (y la Revolución bolchevique) y se cerraba con la caída del Muro de Berlín.
La fiesta de bienvenida al nuevo siglo se alargó durante varias semanas.






2 comentarios:
Y un siglo después, ¿cómo están las cosas?
Tras las dos grandes guerras y las movilizaciones masivas, las colonias que no se independizaron por la fuerza lo hicieron mediante contratos con la metrópoli que mantendrán hipotecada y desangrada a su población durante décadas.
A los del primer mundo, alimentados por nuestro vampirismo, nos parece que las cosas nunca han estado mejor; pero la miseria de los países que continúan empeoran aún insiste en llamar a nuestra puerta. Avanzamos hacia el desarrollo pluscuamperfecto del bipartidismo mediático allí donde el caciquismo y el pucherazo resultan más difíciles de lograr.
El comunismo se considera ideológicamente derrotado gracias a la demonización de figuras como Stalin, Pol Pot, Mao, etc. El Che aparece en muchas camisetas. Los países que aún no tienen democracias parlamentarias, bueno... pronto las tendrán.
Tenemos mogollón de tecnología por todas partes... y todavía sobran billones de cajas llenas de excedentes en los almacenes, esperando compradores de mercados emergentes.
En fin, si el colonialismo (descarado) fue el asunto a resolver durante el último puñado de décadas... ¿cuál será el del nuevo siglo? ¿La colonización espacial? xD
No veo motivos para descorchar champán en este 10 de noviembre de 2009. ¡Pero ahí estamos!
Buen repaso al siglo pasado y a lo que tenemos entre manos. Desde mi perspectiva había motivos para descorchar la botella de champagne en aquel 9 de noviembre de 1989 sobre todo por la gente, por la salud mental del que ve todos los días un muro, por la separación de los vecinos, familiares... Pero desde la interpretación política del hecho, no es más que el final de un símbolo que podía resumir un proceso histórico que había arrancado mucho antes y que ya el último año se había dibujado como sentenciado. A partir de ahí, comparto totalmente tus reflexiones y preguntas.
gracias por la aportación!
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