2009/11/05

Moldavia y Merton, o cómo el gobierno juega a hacer autocumplir su profecía

No hay muchas noticias respecto a la elección del Presidente de Moldavia. Según parece es más que probable que la primera votación parlamentaria sea el 10 de noviembre. Lupu, el candidato de la heterogénea coalición occidentalista, no conseguirá la mayoría de tres quintos que necesita. Le seguirán faltando ocho votos que sólo pueden salir de las filas comunistas. Ante esta circunstancia, como en anteriores post he advertido, la presión sobre los diputados de izquierda se ha acentuado desde mediados de octubre para que apoyen la investidura Marian Lupu.

Las malas lenguas hablan que contra todo pronóstico el gobierno moldavo ha tomado posesión del poder de una manera bastante más eficiente de la que se podía esperar. Era una hipótesis verosímil que puede haberse confirmado, sobre todo si como parece la coalición se ha dejado guiar por Lupu y su entorno. Estos, que han participado en los gobiernos comunistas de los últimos ocho años, conocen bien el funcionamiento del Estado y de sus poderes. Por ello, desde Rusia cuentan que el Partido Comunista está perdiendo rápidamente terreno en el aparato estatal y en la sociedad a favor de la coalición gubernamental heterogénea, que poco a poco, está acumulando más “recursos administrativos” y generando una sólida red clientelar a su alrededor.

Si este hecho se confirmase, los comunistas no tendrían ningún interés en una nueva convocatoria electoral que arrojará un debilitamiento significativo de su actual fuerza parlamentaria. Así las cosas, el PCRM intentaría justificarse alegando que es un partido responsable, y como tal, consciente de la crisis política y económica a la que se enfrenta el país apuesta por una actitud “patriótica” en detrimento de los intereses del partido. Si se admite esta última lectura, parecería bastante claro que los comunistas se están marcando un farol cuando dicen que no votarán a Lupu. Así lo creen, o al menos dicen creerlo, el Kremlin y el Presidente interino de la República de Moldavia (Mihai Ghimpu, Presidente del Parlamento). El gobierno ruso está contento porque cree que con Lupu tendrá más capacidad de influencia que la que tuvo con los últimos gobiernos comunistas. En este sentido, desde Moscú parece que se está participando activamente en la cocina presionando al PCRM. De ello es consciente Ghimpu, y por ello ha predicho que si bien en la primera votación no alcanzará la presidencia Lupu, está seguro que en la segunda (probablemente a celebrar en diciembre) habrá un número suficiente de diputados comunistas dispuestos a facilitar la elección del candidato de la coalición gubernamental.

Hay que admitir que ambos, la coalición gubernamental y el gobierno ruso, son bastante listos. La estratagema política es sencilla pero inteligente, no juegan más que a la profecía que se autocumple (expresión acuñada por Merton cuando sistematizó y articuló esta teoría derivada del teorema de Thomas: si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales). De esta manera, lo que buscan con este tipo de declaraciones y gestos es modificar las percepciones de la ciudadanía sobre la realidad. Quieren vender un escenario inexistente porque saben que si la ciudadanía y los comunistas lo interiorizan acabará auto-realizándose. Este es el motivo por el cual llevan más de dos meses afirmando que el pescado está vendido, que habrá como mínimo ocho comunistas que apoyarán a Lupu. Y es que según Merton, una vez que una situación “falsa” es percibida como real por una persona, esta adecuará su conducta a esa percepción despertando un nuevo comportamiento que hace que la “falsa” concepción se torne “verdadera”.

Así pues, los jefes de estado moldavo y ruso al afirmar que probablemente Lupu será Presidente gracias a los votos comunistas, pretenden crear una “falsa” expectativa que se tornará real a medida que el electorado la interiorice y los comunistas sean conscientes de ello. Si esto ocurriese, sería probable que los comunistas interpretasen que un incumplimiento de la “falsa” profecía por parte de ellos podría acarrear frustración en su electorado, y con ello, un pésimo resultado electoral en las siguientes elecciones. Pero la trampa de la “profecía autocumplida” tiene más ventajas para sus promotores. Si el PCRM finalmente no la interioriza pero sí lo hace el electorado, podría autocumplirse la profecía por la que los comunistas serán castigados en las siguientes elecciones. La pregunta es, ¿hasta dónde ha interiorizado la ciudadanía y el PCRM la “falsa” profecía?

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