2009/03/30

Yushenko y Saakashvili

El caos económico en Ucrania está servido, El País informa de que "ante la falta de coordinación y el incumplimiento de los compromisos de los socios ucranianos, el FMI congeló en febrero la entrega de 2.000 millones de dólares, el segundo tramo de un crédito de estabilización de 16.500 millones, cuyo primer tramo (4.500 millones) comenzó a facilitar en noviembre". El gobierno empieza a estar bastante desesperado, se le empieza a conocer como el país "pedigüeño", buena prueba de ellos es la atrevencia de solicitar un crédito de 5.000 millones de dólares a Rusia, ¡casi nada! Ante está situación, la pasada semana se multiplicaron las manifestaciones por todo el país, especialmente en las regiones del Este, rusófonas y más ricas. No le costó mucho al Partido de la Regiones de Yanukovich congregar a decenas de miles de personas en varias ciudades, pero fue en Donetsk, la ciudad de referencia de las regiones del Este de Ucrania, donde se congregaron más personas, 25.000.

Pero a pesar de todo ello, Yushenko y Timoshenko siguen sin dimitir y parece que no lo harán, sobre todo a la vista del poco tiempo que queda (menos de un año) para las elecciones presidenciales. Aunque Yushenko está hundido en las encuestas, es el Presidente con menor aceptación de la historia de Ucrania (3,5%), y por ello, dudo que ni siquiera se atreva a presentarse; otra cosa es la teoría conspirativa que defiende Timoshenko, la Primera Ministra dice que Yuschenko y el jefe del Banco Nacional están debilitando de forma deliberada la moneda nacional (la grivna ha perdido el 60% de su valor frente al dolar) para generar una suspesión de pagos que justifique la imposición de un gobierno presidencial directo en forma de Estado de excepción y así, retrasar las elecciones presidenciales que se han de celebrar a finales de este año y a principios del que viene.

Otro señorito que aún no ha caído y que este si juega con el tiempo a su favor es Saakashvili. Está aguantando de todo, ha montado hasta guerras para quedarse en el poder... y no le va tan mal. El tiempo pasa, las movilizaciones contra él no le han echado, ni las de finales de 2007, ni las de 2008 que quedaron eclipsada con su guerra, ni tampoco las habidas hasta ahora en el 2009. El problema es que gran parte de la oposición procede del partido Saakashvili y los gobiernos que ha conformado este, este hecho motiva que gran parte de la población no vea de una manera nítida cuál es la alternativa, a pesar de que los opositores llaman constantemente a la movilización y solicitan la dimisión de Saakashvili. Coniciones sociales las hay, lo que no hay son proyectos que ilusionen y nuevas propuestas ideológicas. Mientras el hastío entre la población georgiana se agranda, la pobreza se agudiza, la división territorias se afianza tras la aventura militar de Saakasvili y el autoritarismo gubernamental aumenta.

Pero a pesar de haber movilizaciones y protestas, la gran mayoría de la ciudadanía mira con descrédito a toda la clase política, y no es de estrañar, el propio Saakashvili fue el delfin del atenrior Presidente Shevardnadze, al que derrocó más tarde vía movilización social y apoyo internacional (entre EEUU y Rusia entre otros, el chico era del agrado de Putin), y desde hace dos años son otros colaboradores de Misha los que tratatan de derrocarle.
¿Existe competencia alguna entre proyectos políticos, entre ideologías? Poca, muy poca. Por no haber no hay ni lucha entre etnias como puede pasar en otros países postsoviéticos; en Georgia la gran mayoría son georgianos, y los que no lo son no tienen conciencia como tal (en muchos casos por persecución cultural y una situación de retraso económico) o ya están independizados de facto. Como consecuencia desde un sector importante de la población se visualiza a la oposición como una élite política que propone un quitate tu para ponerme yo.

Es verdad que el cambio proporcionaría una fachada más presentable, alguien que aún no se haya ensuciado tanto, que pueda servir más a los intereses de Occidente sin tensionar tanto la relación con Rusia pero no deja de ser una oposición igualmente desacreditada, porque en el fondo, la clase política georgiana está muy mal vista y por ello no consiguen impulsar una movilización y protesta más eficaz. ¿Cambio para qué? La oposición no es capaz de contestar. Nada dice al respecto, sólo de vaguedades y generalidades como la consecución de un régimen más democrático y menos autoritario; eso también lo proponía Saakashvili en su día, pero lo único que hizo fue perfeccionar el autoritarismo anterior, eso sí, dotándolo de una imagen muy yankee. El verano pasado, no paraba de flipar mientras circulaba entre el aeropuerto de Tbilisi y el centro de la ciudad por el Boulevard Bush.

La diferencia principal entre Ucrania y Georgia es que en el primero hay una pugna política que si bien no atiende a la dimensión izquierda/derecha clásica, es importante en la confección del país; por una parte está la posición que mantienen las fuerzas políticas más próximas a las posiciones occidentalistas, y por otra, la que defiende el acercamiento con Moscú. Es una distinción además geográfico e idiomática, que no es perfecta, porque es verdad que detrás de cada visión se superponen algo parecido a unos valores más defensores de la intervención estatal o del mercado libre. En cambio, en Georgia es diferente. No existe una pugna ideológica real. Es una cuestión de poder. A tal efecto, habrá que ver si la oposición realmente tiene capacidad de ilusionar con algo a la ciudadanía. Prometen que para el 9 de abril, en el 20º aniversario de la represión soviética contra una manifestación a favor de la independencia (murieron varias personas), sacarán a decenas de miles de personas a las calles y que reproducirán la fuerza de las exhibidas en noviembre de 2007, y además, amenazan que habrá una diferencia, en está ocasión prometen no cesar en la protesta hasta que Saakashvili abandone el poder. Ya veremos, pero yo diría que van de farol.

2009/03/28

Putin y su suerte (1)

Putin además de ser un capullo (dejarme que me quede a gusto, llevo demasiadas sesiones universitarias mostrándome políticamente correcto por respeto a los que me han invitado), es un político listo e inteligente, cobarde también (ejemplo los acontecimientos tras el hundimiento del submarino nuclear Kursk), pero lo suficientemente inteligente para ocultar su cobardía. Aunque lo que mejor podría definir la carrera política de este personaje es la suerte. Le cae y la produce. Es un tío con estrella, no cabe duda, y si no tiene suerte, maneja los hilos que sean necesarios para que se de la conjunción entre Júpiter, Saturno y Uranio y así vuelva a tener suerte (siempre ayuda buscar o provocar excusas para montar una guerra e identificar a los otros apretando las filas de tus ciudadanos con discursos nacionalistas).

Un excelente ejemplo de esto es el milagrillo económico de los últimos años en Rusia. Después del desastre de la Perestroika y el hundimiento soviético, vinieron años muy duros con una profunda depresión económica en la década de los noventa. Los efectos sociales, en términos de caída de esperanza de vida, empobrecimiento de la población, aumento de la tasa de mortalidad infantil etc. Sólo son comparables con los que sufren los países que han atravesado una guerra. Pero en Rusia no hubo una guerra, en teoría se desmoronó un sistema… y con él su economía y toda una red de subsistencia social. Luego vinieron los experimentos con gaseosa, pero de la peligrosa. Rusia fue un nuevo ensayo para los seguidores de Milton Friedman y Friedrich Von Hayek, los Gaidar (Viceprimer ministro), Aven y Chubais de turno (ministros ambos) se rodearon de economistas rusos seguidores de la doctrina neoliberal y autoritaria del viejo Friedman, y aunque ninguno de ellos estudió en Estados Unidos la prensa rusa los denominaba como los Chicago Boys de Yeltsin. Pero estos no eran los únicos depredadores neoliberales que revoloteaban alrededor de la camarilla gobernante diseñando e implementando terapias de shock. Jeffrey Sachs que ya se había pasado por un sinfín de lugares, entre otros por la Bolivia dictatorial y la Polonia del nuevo capitalismo, fue asesor personal de Yeltsin primero, y luego, estuvo influenciando a través del Institute for Internacional Development de Harvard del que fue nombrado Director en 1995.

La década de los 90 fue un horror para Rusia. Fue el mayor saqueo de la historia. Las privatizaciones de todo aquello que en teoría “pertenecía” al pueblo (bueno, más bien al Estado que decía representar y ejercer su autoridad en nombre del pueblo), fue privatizado a precios de auténtica ganga, era un robo descarado de la propiedad estatal, una transferencia de la propiedad “colectiva” a manos privadas por precios irrisorios que estaban al alcance de quien supiera cual era la lógica del capitalismo y tuviera algo de dinero (o supiera como juntarlo).

Pero no todo encajó, los rusos son muy rusos, y en todo este proceso de borrachera neoliberal y robo legalizado, sólo hubo un aspecto que dejó insatisfecho a Occidente, y de ahí vienen muchas de las reticencias vigentes hacia Rusia. Resulta que el gobierno ruso pudiendo estar embriagado de vodka, dinero y poder, no llegó al auténtico etílico al que parecía estar acostumbrado su Presidente, y por no se sabe qué, o sí, porque simplemente querían hacer una repartición casera, se reservaron las privatizaciones más gordas para los rusos. No permitieron que inversores extranjeros pudieran adquirir activos directamente en Rusia. El gran robo lo dejaron para los nuevos ricos rusos que se constituyeron en los oligarcas económicos del país.

Es por ello que la lista de los más ricos del mundo está plagada de rusos. En cinco años se hicieron de oro. “Comprando” lo que era público y valía millones a precios de céntimos. Pero una vez privatizadas esas empresas, el negocio continuo, porque la distancia entre el precio pagado y el real era tan grande que todavía el mercado no había sido capaz o no había querido asignarle el precio real. Así pues, cuando se abrieron las empresas ya privatizadas a la participación del capital extranjero, todavía había un buen bocado que sacar… y lo sacaron. Muchas empresas multinacionales ganaron mucho “participando” con los grandes oligarcas (ladrones) económicos rusos.

Este balance económico nefasto, tuvo su traslación a la bancarrota del Estado, al deterioro de todas las coberturas sociales, a los impagos de pensiones, de salarios… La situación social se torno catastrófica, sólo comparable a la de una guerra larga y cruenta. El desánimo y la sensación de caos se afianzaron en la población. La economía no podía caer más bajo en medio de un rápido proceso de adelgazamiento del Estado de bienestar.

En estas circunstancias, Putin llega al poder en un contexto en el que la economía rusa había tocado fondo. A partir de ahí no podía más que comenzar a crecer la economía, no había otra opción. Pero por si acaso, como las recuperación no suele ser todo lo rápida para poderse adecuar a las necesidades de los políticos, utilizó la baza Chechenia para afianzarse en el poder. Los primeros años, con un discurso nacionalista que buscaba hurgar en el corazoncito de los rusos y rusas de a pie, cuando ya no tenían nada más que eso, corazoncito patrio (los bienes materiales estaban todos en manos de los oligarcas rusos y sus colegas de saqueo, multinacionales); Putin intentó devolverles el sentimiento de dignidad por la vía espiritual y comunitaria del orgullo nacional, y le funciono bien. Liarse a matar chechenos y a destruir Grozni le salió a cuenta. Recuerdo por aquellos años, cuando estaba en Rusia, como mis amigos le defendían, "no es un borracho, es una persona integra, un patriota ruso, duro y con autoridad…" bueno y de ahí al discurso “necesitamos un Pinochet y puede ser Putin” era cuestión de aguantar cinco minutos la conversación. Este fue el punto donde él decidió forzar su buena suerte con atentados fantasmas o en extrañas circunstancias, algunos sospechosos (¡hay esas explosiones en los edificios de Moscú…! Muchas incógnitas y bastantes motivos para hacer una interpretación conspirativa).

Y la suerte que le cayó, la economía. Después de arrasar Chechenia, empezaba a florecer el mercado libre, los resultados eran visibles. En el 2004 me parecía que estaba en otro país, el cadáver económico levantaba la cabeza. No era éxito suyo, sino la casualidad que le había caído en gracia. La recuperación económica era más que previsible, demasiado se había retardado para tan fuerte desplome. A ello habría que añadirle el alza en las materias primas, y especialmente del petróleo. La economía rusa por fin estaba en expansión y Putin aunque tenía poco que ver en ello, empezaba a ser visto como un tío muy competente en vertebración nacional y ahora también en economía. Y todo ello gracias a su imagen de duro y sus dos suertes, la provocada y la caída.

Mientras el seguía con lo suyo, ¿expansión económica? ¡Bahh! Y qué, más madera contra los derechos sociales de los más vulnerables. Más ideología neoliberal combinada con un fuerte poder estatal. Si sus predecesores coquetearon con el libertinaje de derechas (libertarios se llaman así mismo en EEUU), de los Von Hayek, Nozick y Friedman, Putin cambio el desvarió ideológico hacía claves de más estabilidad y real politik.

Putin resituó Rusia en claves de una ideología conservadora que abogaba por un Estado fuerte (en términos militares, administrativos y de vertebración nacional – “avance de los intereses nacionales”-) pero en un contexto de economía neoliberal y un estado poco protector en lo social. Por ello, en plena expansión económica se dedicaba a quitar las prestaciones a jubilados y jóvenes, como hizo en el 2005. Con las pensiones ridículas que hay en Rusia, decidió hacer pagar todos los medicamentos a los pensionistas, a cambio de quitarles la gratuidad les iba a dar una subvención mensual irrisoria de 7 dólares al mes, con la que como mucho se pueden comprar dos paquetes de aspirinas. A los jóvenes les llegó un nuevo recorte de becas, de los descuentos en transportes… Y todo en nombre de reducir el gasto público en el apartado social, para aumentar el militar. Estado sí, para policía y militares; ¿para la economía y lo social? Mercado, mercado y mercado.

Y ahora, que ha llegado la crisis, son otro ejemplo las medidas económicas que está adoptando Putin para reducir más aún el prácticamente inexistente estado del bienestar ruso, tanto es así que pronto se convertirá en el héroe de los neoliberales... pena que no sea presidente de una potencia occidental, si fuese así lo adorarían, porque el ya ha advertido a Occidente de los peligros del socialismo y el keynesianismo; y es que el chico ya ve muy desviada a Europa e incluso a EEUU (sic)…


2009/03/11

We don't wanna put in (neither Saakashvili)


Estos días estoy muy atareado con una investigación, y por ello la escasez de post-s en este Blog. Pero entre índices, variables y análisis factoriales, he escuchado una más que curiosa noticia sobre Eurovisión. Resulta que este año el festival se celebrará en Rusia, anfitriona por ser la ganadora de la pasada edición, y como no, ya ha saltado la polémica. Hace meses Letonia advirtió que para ahorrar (sic) no participaría en Eurovisión. Y ahora, cuando se están postulando las canciones para el concurso, hemos sabido que Georgia presentará una canción con clara intencionalidad política, bajo el título y estribillo de “We don't wanna put in”. No hace falta ser muy listos para percibir la jugada.

La cuestión es que las reglas del concurso dicen que la letra y/o interpretación de las canciones no deben perjudicar la reputación de Eurovisión como festival de la canción, ni incluir lenguaje ofensivo y por lo tanto, quedan prohibidos textos, discursos o gestos de naturaleza política o similar, así como mensajes de carácter comercial. Pero a pesar de esta reglamentación, uno se pasea por las páginas de Internet y lee que censurarán la canción de marras como si fuese algo extraordinario. Pero ya no me he resistido a escribir este post después de escuchar en La Ventana de la Cadena Ser la noticia. El tratamiento de la noticias ha sido previsible pero triste. Simplificándolo, venían a decir en medio cachondeo y medio en serio que Rusia censura y que lo hace por ser un país autoritario, que es una injusticia blabla blabla; a Boris Izaguirre no se le ha ocurrido otra cosa que señalar la necesidad de que Europa defienda la libertad de expresión y la canción de turno. Y lo más fascinante de todo esto, es que nadie ha sido capaz de acordarse de lo que pasó con Chiquilicuatre; la memoria tan mala de algunos fans Eurovisión les retrata, ¿acaso no se le censuró la letra a Chiquilicuatre?

Pues claro que tuvieron que cambiar parte de la letra para eliminar la referencia a los políticos. Pero ni mú, todo vale para meterse con Rusia. Yo me apunto al we don’t wanna put in y al we don't wanna saakashvili, pero que no me cuenten que Georgia es más democrática que Rusia porque simplemente es coleguita de Occidente. Y es ahí donde quería llegar:

¿Cómo es posible que aún se le trate a Georgia como un país más democrático que Rusia?

¿Cómo es posible que los medios de comunicación sigan reafirmando que el conflicto del verano pasado en Osetia fue responsabilidad de Rusia mientras omiten las declaraciones de Saakashvili en comisión parlamentaria donde ha admitido que él decidió atacar Osetia del Sur?

Sí, sí, ya conozco la filosofía de Occidente, “Saakashvili es nuestro hijo de puta”. Pues vale, pero es patético. Por cierto, el índice de democracia de la Unidad de Inteligencia del The Economist del año 2007 ya situaba a Rusia como “un país más democrático” que Georgia. La diferencia es escasa, y es normal, yo no creo que Rusia sea más democrática que Georgia pero tampoco viceversa. Y además, ¿no se llevaban tan bien Putin y Saakashvili allá por el año 2004? Pues claro, estos antiguos amiguetes gobiernan con parecida mano derecha autoritaria y mientras han podido se han ayudado, hasta que chocaron en Osetia del Sur.

En fin, aquí os dejo los datos de los países de Europa Central y Oriental respecto al índice de democracia que ha creado el The Economist (nada sospechoso de ser pro putiniano, claro esta):

Valores de los países de la antigua órbita soviética y del espacio postyugoslavo en el índice de democracia de la Unidad de Inteligencia de The Economist


Democracias completas

Puesto / País / valor (0-10)


1. – Suecia – 9,88
18. – República checa – 8,17
27. – Eslovenia – 7,96

Democracias defectuosas

33. – Estonia – 7,74
38. – Hungría – 7,53
39. – Lituania – 7,43
41. – Eslovaquia – 7,40
43. – Letonia – 7,37
46. – Polonia – 7,30
49. – Bulgaria – 7,10
50. – Rumania – 7,06
51. – Croacia – 7,04
52. – Ucrania – 6,94
55. – Serbia – 6,62
56. – Mongolia – 6,60
58. – Montenegro – 6,57
62. – Moldavia – 6,50
68. – Macedonia – 6,33

Regímenes híbridos

83. – Albania – 5,91
87. – Bosnia-Herzegovina – 5,78
102. – Rusia – 5,02
104. – Georgia – 4,90
110. – Armenia – 4,15
111. – Kirguizistán – 4,08

Regímenes autoritarios

120. – Kazajistán – 3,62
128. – Bielorrusia – 3,34
129. – Azerbaiyán – 3,31
149. – Tayikistán – 2,45
160. – Uzbekistán – 1,85
162. – Turkmenistán – 1,83
167. – Corea del Norte – 1,03

Fuente: The Economist,The World in 2007 – Democracy index


Actualización de las 20:00 horas


Finalmente Georgia no ha cambiado la letra de la canción para así no acudir al festival de Eurovisión. Estaba claro, probablemente la decisión estaba tomada con antelación y con esta letra provocativa pretendían hacer propaganda política que sirviese para descargar la responsabilidad de su no asistencia sobre Rusia (cuando es una cuestión del reglamento de Eurovisión). No hay duda que esto Georgia es mucho más lista para la comunicación y propaganda política que Letonia.

2009/03/06

Final del cambio fijo en Armenia

Antes del estallido de la crisis, el Fondo Monetario Internacional se había quedado prácticamente sin clientes, y como cualquier empresa privada, el organismo tuvo que reducir sus gastos y su plantilla. Pero ahora que la depresión económica se asoma en varios países, esa situación ha pasado a la historia; cada vez son más los países que hacen cola para conseguir un crédito del FMI. La mayoría buscan salvar situaciones de bancarrota tácita o explícita. A corto plazo es el oxigeno que necesitan para vivir, aunque a largo plazo será una losa que tendrán que arrastrar.

Con el FMI han firmado acuerdos crediticios hasta el momento Hungría, Ucrania, Bielorrusia, Islandia, Pakistán, Serbia y Letonia. El siguiente será Armenia con 540 millones de dólares. Un pequeño país que ha vivido un crecimiento espectacular los últimos años, y que ahora se sumará a lista de los nuevos deudores del FMI si lo pactado recibe el visto bueno del Consejo Ejecutivo formado por 185 países-miembros.

Como parte del pacto, el Gobierno armenio tendrá que acabar con el cambio fijo que mantenía con el dólar. La divisa flotará libremente, además, el país tendrá que hacer una serie de reformas estructurales. Es el precio que pagan estos países por recibir créditos del FMI, endeudamiento y sometimiento a dictados económicos internacionales. En esa línea están desde Bielorrusia a Turquía, el último país que está llamando a la puerta.