El caos económico en Ucrania está servido, El País informa de que "ante la falta de coordinación y el incumplimiento de los compromisos de los socios ucranianos, el FMI congeló en febrero la entrega de 2.000 millones de dólares, el segundo tramo de un crédito de estabilización de 16.500 millones, cuyo primer tramo (4.500 millones) comenzó a facilitar en noviembre". El gobierno empieza a estar bastante desesperado, se le empieza a conocer como el país "pedigüeño", buena prueba de ellos es la atrevencia de solicitar un crédito de 5.000 millones de dólares a Rusia, ¡casi nada! Ante está situación, la pasada semana se multiplicaron las manifestaciones por todo el país, especialmente en las regiones del Este, rusófonas y más ricas. No le costó mucho al Partido de la Regiones de Yanukovich congregar a decenas de miles de personas en varias ciudades, pero fue en Donetsk, la ciudad de referencia de las regiones del Este de Ucrania, donde se congregaron más personas, 25.000.
Pero a pesar de todo ello, Yushenko y Timoshenko siguen sin dimitir y parece que no lo harán, sobre todo a la vista del poco tiempo que queda (menos de un año) para las elecciones presidenciales. Aunque Yushenko está hundido en las encuestas, es el Presidente con menor aceptación de la historia de Ucrania (3,5%), y por ello, dudo que ni siquiera se atreva a presentarse; otra cosa es la teoría conspirativa que defiende Timoshenko, la Primera Ministra dice que Yuschenko y el jefe del Banco Nacional están debilitando de forma deliberada la moneda nacional (la grivna ha perdido el 60% de su valor frente al dolar) para generar una suspesión de pagos que justifique la imposición de un gobierno presidencial directo en forma de Estado de excepción y así, retrasar las elecciones presidenciales que se han de celebrar a finales de este año y a principios del que viene.
Otro señorito que aún no ha caído y que este si juega con el tiempo a su favor es Saakashvili. Está aguantando de todo, ha montado hasta guerras para quedarse en el poder... y no le va tan mal. El tiempo pasa, las movilizaciones contra él no le han echado, ni las de finales de 2007, ni las de 2008 que quedaron eclipsada con su guerra, ni tampoco las habidas hasta ahora en el 2009. El problema es que gran parte de la oposición procede del partido Saakashvili y los gobiernos que ha conformado este, este hecho motiva que gran parte de la población no vea de una manera nítida cuál es la alternativa, a pesar de que los opositores llaman constantemente a la movilización y solicitan la dimisión de Saakashvili. Coniciones sociales las hay, lo que no hay son proyectos que ilusionen y nuevas propuestas ideológicas. Mientras el hastío entre la población georgiana se agranda, la pobreza se agudiza, la división territorias se afianza tras la aventura militar de Saakasvili y el autoritarismo gubernamental aumenta.
Pero a pesar de haber movilizaciones y protestas, la gran mayoría de la ciudadanía mira con descrédito a toda la clase política, y no es de estrañar, el propio Saakashvili fue el delfin del atenrior Presidente Shevardnadze, al que derrocó más tarde vía movilización social y apoyo internacional (entre EEUU y Rusia entre otros, el chico era del agrado de Putin), y desde hace dos años son otros colaboradores de Misha los que tratatan de derrocarle.
¿Existe competencia alguna entre proyectos políticos, entre ideologías? Poca, muy poca. Por no haber no hay ni lucha entre etnias como puede pasar en otros países postsoviéticos; en Georgia la gran mayoría son georgianos, y los que no lo son no tienen conciencia como tal (en muchos casos por persecución cultural y una situación de retraso económico) o ya están independizados de facto. Como consecuencia desde un sector importante de la población se visualiza a la oposición como una élite política que propone un quitate tu para ponerme yo.
Es verdad que el cambio proporcionaría una fachada más presentable, alguien que aún no se haya ensuciado tanto, que pueda servir más a los intereses de Occidente sin tensionar tanto la relación con Rusia pero no deja de ser una oposición igualmente desacreditada, porque en el fondo, la clase política georgiana está muy mal vista y por ello no consiguen impulsar una movilización y protesta más eficaz. ¿Cambio para qué? La oposición no es capaz de contestar. Nada dice al respecto, sólo de vaguedades y generalidades como la consecución de un régimen más democrático y menos autoritario; eso también lo proponía Saakashvili en su día, pero lo único que hizo fue perfeccionar el autoritarismo anterior, eso sí, dotándolo de una imagen muy yankee. El verano pasado, no paraba de flipar mientras circulaba entre el aeropuerto de Tbilisi y el centro de la ciudad por el Boulevard Bush.
La diferencia principal entre Ucrania y Georgia es que en el primero hay una pugna política que si bien no atiende a la dimensión izquierda/derecha clásica, es importante en la confección del país; por una parte está la posición que mantienen las fuerzas políticas más próximas a las posiciones occidentalistas, y por otra, la que defiende el acercamiento con Moscú. Es una distinción además geográfico e idiomática, que no es perfecta, porque es verdad que detrás de cada visión se superponen algo parecido a unos valores más defensores de la intervención estatal o del mercado libre. En cambio, en Georgia es diferente. No existe una pugna ideológica real. Es una cuestión de poder. A tal efecto, habrá que ver si la oposición realmente tiene capacidad de ilusionar con algo a la ciudadanía. Prometen que para el 9 de abril, en el 20º aniversario de la represión soviética contra una manifestación a favor de la independencia (murieron varias personas), sacarán a decenas de miles de personas a las calles y que reproducirán la fuerza de las exhibidas en noviembre de 2007, y además, amenazan que habrá una diferencia, en está ocasión prometen no cesar en la protesta hasta que Saakashvili abandone el poder. Ya veremos, pero yo diría que van de farol.