La OTAN sigue adelante con las maniobras militares que tiene previstas en Ucrania y en Georgia. En el pequeño país caucásico iban a ser más de 22 los estados que tenían confirmada su participación en las mismas entre el 6 de mayo y el 1 de junio; aunque parece que a última hora Kazajstán se ha retirado al intuir el carácter provocativo que puedan tener los ejercicios militares para Rusia. Otro que también rehúsa participar, a pesar de haber confirmado inicialmente el envío de militares, es Moldavia.
En este último caso, es evidente la conexión entre el intento de golpe de estado blando y la decisión adoptada a la vista de las circunstancias; en Moldavia a nadie se le escapa la importancia de la implicación en las revueltas de las organizaciones subvencionadas por EEUU (especialmente a través de la USAID). Evidentemente EEUU como nación no tenía sobre la mesa el objetivo de dar un golpe de estado (soft); si no la Freedom House no situaría año tras año (incluido el 2008) a Moldavia como un país más “democrático y libre” que por ejemplo el de los naranjitos ucranianos (Yushchenko, Timoshenko & Co. –nunca mejor lo de Company). Pero más allá de esta realidad, los profesionales de las ONGs, fundaciones e Institutos moldavos que reciben subvenciones de EEUU (o son delegaciones de sus homólogas estadounidenses) están en contacto con los de la “revolución de coloretes”, asisten a los mismos seminarios, trainings, reuniones y demás. Forman parte de la red que han tejido en el espacio postsoviético los norteamericanos, y en esa red no se mira si un país es más o menos democrático, lo que importa es favorecer la toma de poder por parte de la élite más pro-norteamericana. El gobierno moldavo lo sabe, y ahora va a tener algo de reticencia hacia EEUU. Los instigadores de las revueltas quizás piensen que es una buena noticia porque supone una reorientación de Moldavia hacia Moscú, y por lo tanto, esto puede impulsar decididamente a Occidente a apoyarles de una manera más efectiva. No creo que el giro vaya a ser para tanto, los eurocomunistas moldavos seguirán buscando su espacio en la UE y en una estrecha colaboración con esta.
Pero hay más historias de militares cabalgando por el Cáucaso. En este caso se trata de los rusos. Tras haber inundado los medios de comunicación internacionales con propaganda anunciando que se había levantado el régimen de operación antiterrorista en la república de Chechenia, a los pocos días fueron asesinados tres militares rusos en Chechenia; y en respuesta, los rusos iniciaron una nueva operación antiterrorista en el sur de la república y en Ingushetia. Sobre los detalles de la operación no se sabe mucho, pero apostaría que no ha sido elegante. Vamos, el cuento de nunca acabar.
En este último caso, es evidente la conexión entre el intento de golpe de estado blando y la decisión adoptada a la vista de las circunstancias; en Moldavia a nadie se le escapa la importancia de la implicación en las revueltas de las organizaciones subvencionadas por EEUU (especialmente a través de la USAID). Evidentemente EEUU como nación no tenía sobre la mesa el objetivo de dar un golpe de estado (soft); si no la Freedom House no situaría año tras año (incluido el 2008) a Moldavia como un país más “democrático y libre” que por ejemplo el de los naranjitos ucranianos (Yushchenko, Timoshenko & Co. –nunca mejor lo de Company). Pero más allá de esta realidad, los profesionales de las ONGs, fundaciones e Institutos moldavos que reciben subvenciones de EEUU (o son delegaciones de sus homólogas estadounidenses) están en contacto con los de la “revolución de coloretes”, asisten a los mismos seminarios, trainings, reuniones y demás. Forman parte de la red que han tejido en el espacio postsoviético los norteamericanos, y en esa red no se mira si un país es más o menos democrático, lo que importa es favorecer la toma de poder por parte de la élite más pro-norteamericana. El gobierno moldavo lo sabe, y ahora va a tener algo de reticencia hacia EEUU. Los instigadores de las revueltas quizás piensen que es una buena noticia porque supone una reorientación de Moldavia hacia Moscú, y por lo tanto, esto puede impulsar decididamente a Occidente a apoyarles de una manera más efectiva. No creo que el giro vaya a ser para tanto, los eurocomunistas moldavos seguirán buscando su espacio en la UE y en una estrecha colaboración con esta.
Pero hay más historias de militares cabalgando por el Cáucaso. En este caso se trata de los rusos. Tras haber inundado los medios de comunicación internacionales con propaganda anunciando que se había levantado el régimen de operación antiterrorista en la república de Chechenia, a los pocos días fueron asesinados tres militares rusos en Chechenia; y en respuesta, los rusos iniciaron una nueva operación antiterrorista en el sur de la república y en Ingushetia. Sobre los detalles de la operación no se sabe mucho, pero apostaría que no ha sido elegante. Vamos, el cuento de nunca acabar.