Últimamente he estado volcado en el blog de política vasca y, por ello, se me están acumulando los temas a tratar en este otro. Entre los países que a menudo han salido en Cartas del Este, Moldavia ha ocupado muchas líneas por el conflicto de alto voltaje abierto entre la derecha (en su mayoría nacionalista rumana) y la izquierda (a favor de la viabilidad de Moldavia como estado independiente). Conflicto agravado por el sistema de elección presidencial que demanda una mayoría de tres quintos en el Parlamento (mínimo 61 votos a favor de los 100 parlamentarios). Este último ha sido el escenario principal de los muchos momentos de tensión y de enfrentamiento que se han vivido desde el 2009 entre los dos principales segmentos políticos en contienda. En esta lucha se han utilizado todo tipo de estratagemas, especialmente maquiavélicas por parte de derecha que ha intentando desde dar un golpe de estado suave, hasta saltarse el orden constitucional, pasando por el incesante impulso y promoción de escisiones y deserciones entre las filas de los comunistas y sus aliados.
Después de las elecciones de abril de 2009, en las que la victoria de la alianza de la izquierda liderada por los comunistas fue clara y contundente (60 de 100 diputados), la derecha impulsó un golpe de estado suave con la intención de socavar la legitimidad democrática del sistema político. Extraño, ya que los comunistas, hasta entonces aliados de Occidente y del Presidente Bush y enemistados intermitentemente con Putin, no obtuvieron la mayoría de 61 diputados que exige la elección presidencial. Es por ello que, la candidata comunista a la Presidencia, la hasta entonces Primera Ministra del gobierno de izquierdas Zinaida Greceanîi, no pudo ser elegida en ninguna de las dos votaciones celebradas, en cuyo caso las leyes moldavas prevén una nueva convocatoria electoral. Los comunistas, que si de algo han pecado en todo este proceso es de una ingenuidad supina, automáticamente convocaron elecciones para julio de 2009. Pocos días antes, Marian Lupu (Ministro de economía y Presidente del Parlamento como miembro de la alianza de izquierdas), el que había sido el delfín de Voronin (por aquel entonces Presidente de Moldavia), abandonó las filas de la alianza de izquierdas ante la imposibilidad de lograr ser candidato a Primer Ministro o Presidente. De tal suerte que pasó a liderar las filas de un partido extraparlamentario, el Partido Democrático.
En julio las nuevas elecciones son otra victoria de los comunistas, aunque en esta ocasión sin mayoría absoluta (48 de 100 diputados). Sin embargo, la formación de Lupu obtuvo 13 diputados, los mismos que podían asegurar un gobierno de centro-izquierda estable y la elección de un/a candidato/a presidencial. No fue así, el Partido Democrático, en teoría de centro-izquierda (básicamente la misma ideología de los comunistas moldavos) y que había hecho una campaña de izquierdas para competir por el voto comunista, una vez pasadas las elecciones pactó con todos los partidos de derechas para conformar un gobierno que, desde entonces, ha impulsado medidas neoliberales y nacionalistas rumanas, a la vez que se ha dedicado a trampear las leyes y corromper más, si cabe, el poder judicial (por cierto, hay que entender que en los últimos 20 años la izquierda ha gobernado ocho y que, por lo tanto, la responsabilidad del diseño político-institucional, así como los nombramientos en las instancias judiciales son producto de decisiones adoptadas por la derecha del país). No obstante, si esto facilitó un cambio de mayorías y de gobierno, no fue suficiente para que la derecha alcanzase la mágica cifra de 61 diputados que aseguran la elección de un/a candidato/a presidencial. Pero bueno, si los números no te dan, toca poner en marcha los planes B, C, D o los que sean precisos. En consecuencia, la derecha siguió promocionando la deserción entre las filas comunistas, como la de cuatro diputados a finales del 2009, a la vez que intentaba cambiar las reglas de juego de forma más o menos de democrática o abiertamente antiliberal
A pesar de los cuatro tránsfugas, estos no era sufcientes para lograr la mayoría, aún
necesitaban comprar otros cinco diputados comunistas para alcanzar los
61 escaños, por ello, el candidato de la derecha gubernamental no fue elegido. Sin embargo, fue en ese momento cuando empezaron las reinterpretaciones y trampeos de la ley para evitar la disolución del parlamento y la convocatoria electoral. Un indicador claro de lo que explico es que, al contrario que con los comunistas, en este caso no hubo nuevas elecciones hasta el 28 de noviembre de 2010, con previo intento de un referéndum (fallido) para que se cambiase la forma de elección del Presidente y con la intención de aplicar el resultado de forma retroactiva (de chiste jurídico, se le ocurre hacer algo así a Chávez, Correa o…digamos Zelaya… y ya sabéis lo que les cae encima, ¿no?).
Las elecciones de 2010 vuelven a confirmar otra nueva victoria de los comunistas, en esta ocasión con 42 de los 100 escaños del Parlamento. La alianza de la derecha gubernamental sigue sin mayoría absoluta y, por lo tanto, en cuanto se celebren las dos votaciones, en caso de que no se haya elegido nuevo/a Presidente/a, habría que disolver el Parlamento y llamar elecciones. Evidentemente, si no se hizo en la anterior ocasión, tampoco se haría ahora con la nueva interpretación constitucional, hecha ad hoc para facilitar que el gobierno pueda seguir aplicando su terapia neoliberal y nacionalista rumana durante un año después de las elecciones, plazo fijado para que sea elegido el Presidente. Y en esas, llegamos a noviembre de 2011, fecha en la que expira el plazo. Cuando todo el mundo pensaba que en ausencia de mayorías suficientes habría que disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones, de repente se anuncia una nueva deserción entre las filas comunistas, en esta ocasión han sido tres los tránsfugas, justo el número necesario para que la coalición derechista obtenga la mayoría en la elección del Presidente. Sin embargo, estos diputados, al igual que en su día Lupu consiguió su parte del pastel (Presidente del Parlamento y, por lo tanto, Presidente en funciones y candidato de la alianza de derechas para el cargo), también quieren su tajada.
Lo primero que han hecho es conformar un grupo ‘socialista’ en el Parlamento y coordinar sus acciones con el Partido Socialista, hasta ahora aliado de los comunistas y que ha declarado rota la colaboración. Entre los tránsfugas está la ex Primera Ministra del último gobierno comunista, Zinaida Greceanii, la misma que fue la última candidata presidencial del partido comunista. Y claro, los tránsfugas quieren que sea ella la Presidenta y si no que se llegue a un acuerdo para la elección de un/a candidato/a independiente. Saben que a su favor tienen el tiempo, la coalición gubernamental ya está prácticamente fuera de tiempo. La elección anunciada para el 18 de noviembre se suspendió porque, finalmente, la coalición de gobierno rehusó presentar a su candidato Lupu, ya que los tránsfugas se niegan a votarlo. En este sentido, los comunistas dicen que esto equivale a la primera elección fallida y por ello, ya se están movilizando en las calles para solicitar que se cumpla la ley y convoquen las elecciones. Desde luego así debería de ser, pero, sabiendo cómo se las gasta el poder judicial, está claro que si el gobierno quiere no contará como intento fallido. Y, por si acaso, por mucho que se quejen las ONGs, la coalición de derechas ha puesto de Presidente del Tribunal Supremo a un líder de la Alianza derechista, ya sabéis una medida muy 'liberal' (sic), del más puro estilo de Intereconomía. En paralelo a la toma de medidas ‘liberal-orgánicas’, el Parlamento ha aprobado los presupuestos del Gobierno en la línea neoliberal que acostumbra desde hace dos años. Esta ley perjudicará a los más desfavorecidos de la sociedad moldava, es decir, a una aplastante mayoría, tal y como ha puesto de relieve el Partido Socialdemócrata con sus movilizaciones y protestas en las calles.
Resumiendo, las negociaciones entre tránsfugas y partidos de derecha prosiguen, a estas alturas de la jugada, todo el mundo sabe que el Gobierno está dispuesto a hacer lo que sea para mantenerse en el poder sin convocar elecciones. Parecía imposible hace un par de semanas, ahora lo parece menos. Personalmente creo que, finalmente, Lupu desistirá de ser candidato presidencial. Así las negociaciones entre la derecha nacionalista rumana, neoliberales con careta socialdemócrata y tránsfugas al servicio del dinero, avanzarán hasta alcanzar un acuerdo por el que elegirán un/a Presidente/a, porque si a algo le tienen miedo es a la voluntad popular.
Lamentable situación. Esperemos que la movilización puede llevar a un gobierno de la izquierda moderada, la cual,como bien explicas,tiene el apoyo mayoritario de los electores del país. Lamentable e incomprensible resulta que el Partido Democrático de Moldavia no haya sido expulsado de la Internacional Socialista.
ResponderSuprimirGracias Diego por tu comentario. Ciertamente es lamentable la situación, esperemos que se pueda solucionar,aunque lo veo difícil. La secuciencia que creo que a priori debería de servir es la siguiente: 1.- elecciones; 2.- victoria de las diferentes opciones de centro izquierda (mayoría cualificada de 61 diputados); altura de miras del centro-izquierda para conformar una coalición; generosidad para invitar a formar parte de la coalición gubernamental al primer partido de la derecha, el liderado por el Primer Ministro Vlad Filat; gobierno sobredimensionado para una legislatura que busque acordar y aprobar unas reglas de juego compartidas por las mayorías de ambos segmentos y combatir la crisis económica y demográfica de forma conjunta; tregua en el eje de conflicto nacional y avanzar en la negociación para la reunificación de Moldavia. Por soñar que no quede.
ResponderSuprimirsaludos