Después de diez años de mi primera vez y siete de mi última, este otoño he tenido la oportunidad de volver fugazmente a Rusia. La echaba de menos. Nuestras estancias allí, enseñando castellano en la República Mari El o viajando del Mar Báltico al Mar de Japón pasando por el Cáucaso, nos marcaron para toda la vida. De todas estas visitas y vivencias, si algo me quedó claro desde el principio es que una cosa es Moscú, la ciudad imperial que vive suntuosamente gracias a los recursos naturales que expolia al resto del país, y otra muy diferente el resto de Rusia. Por ello, la reciente visita de una semana a la capital rusa de poco me ha servido para volver a retomar el pulso al país, aunque al menos, he vuelto a hablar de política con viejas y nuevas amistades. Es de agradecer la invitación y trato exquisito dispensado por la Academia Rusa de las Ciencias, gracias a ello, además de presentar la ponencia, he podido intercambiar opiniones y experiencias con colegas rusos y estudiantes que se expresaban en un castellano fluido, pero es más, después de tantos años vuelvo a encontrarme con estudiantes que hablan euskera. Katea ez da eten.
El telón de fondo de muchas de las conversaciones eran las elecciones. En octubre todavía la campaña electoral estaba calentando motores, pero, ya se veían algunos carteles de propaganda de Rusia Unida. Nada nuevo, no hace falta ver carteles de Putin y Medvedev para que sean elecciones, no al menos en las poblaciones lejanas a Moscú, en la capital y otras ciudades importantes de la parte europea se guardan un poco más las formas. Entre cafés y cervezas, en el ambiente estudiantil a menudo salían comentarios críticos sobre Rusia Unida y la “ausencia de democracia”. Estas afirmaciones estaban acompañadas del deseo irrefrenable de comunicarle al 'occidental' que ellos también quieren ser como los 'occidentales'. La idea parece sencilla, más allá de la corrupción y el control político que ejerce el gobierno, se trata de una idealización de la democracia occidental como un sistema que no solo conlleva un procedimiento, sino también un contenido: desarrollo económico y mayor equidad en la distribución de recursos.
El cuento no es nuevo. A sus padres les vendieron la idea de que el capitalismo traería democracia auténtica (sic) y prosperidad económica; ahora, a los hijos les dicen que no es el capitalismo el que trae bienestar y oportunidades, sino la democracia. Una democracia que no se reconoce por sus procedimientos, sino por quién es el que gobierna: 'si lo hacen los amigos de Occidente el paraíso estará asegurado'. Lo curioso es que esta fascinación por lo occidental, a menudo convive con un nacionalismo ruso muy agresivo con los inmigrantes y las naciones sin estado de la Federación. Es un nacionalismo que se centra en estigmatizar y atacar al débil. En cambio, frente a los estados poderosos reproducen sus complejos de inferioridad a través de una admiración vacía de contenido.
Una de las alegrías de esta visita fue poderme encontrar con algunas amistades de las República Mari-El después de diez años. Por diferentes circunstancias no pudimos hacerlo antes, aunque el día del reencuentro parecía que no había pasado esa década. La emoción, los besos y abrazos, pronto dejaron paso a horas interminables en las que disfrutábamos del arte y de las conversaciones sobre sociedad y política. Mi querido amigo Vladimir solo era un adolescente cuando lo conocí en el verano del 2001 en el sanatorio de Kuyar, allí él enseñaba ballet a los niños y nosotros castellano. Pronto hicimos muy buenas migas, no en vano era uno de los pocos monitores que sabía inglés y, por ello, pronto se convirtió en nuestro traductor oficioso. Ahora el risueño adolescente se ha convertido en un exitoso coreógrafo que acostumbra a viajar por el mundo. Vladimir mantiene la pasión por todo lo que hace y por todo lo que siente. Ciertamente la Rusia de hoy no es el lugar más cómodo para las minorías sexuales y, en general, para las personas que tienen una concepción de la vida diferente. Sin embargo, él es un patriota ruso, a su manera, reivindicando menos testosterona para su país y más apertura mental. Evidentemente no le gusta ni Putin ni Rusia Unida, aunque no por ello puede identificarse con el modelo de joven que he descrito anteriormente. Él no ha crecido en la presuntuosa y derrochadora Moscú, quizás gracias a ello, aún mantiene un profundo respeto por los humildes y a su manera él sigue siéndolo también.
Como decía, a Vladimir no le gusta Putin, pero tampoco le gustan los occidentalistas que desprecian a todo lo que significa el ruso medio de fuera de Moscú. No, mi amigo no quiere ver a Rusia sometida a los dictados de las potencias occidentales y sabe bien distinguir a aquellos que lo quieren, a aquellos que subvencionados o no por Occidente desprecian al hombre y la mujer rusos que viven con dignidad en cualquier ciudad o pueblo del 'interior'. No obstante, no es ciego y sabe bien que su país está lejos de ser una democracia, pero no porque sea más o menos diferente de las simulaciones occidentales, hace tiempo que no cree en video juegos democráticos, sino porque es de aquellos que creen en el sentido más profundo de la democracia, en su sentido procedimental, en su sentido social, cultural, político y económico.
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Hola Asier,
ResponderSuprimir¿'Democracia y Estado del Bienestar' sin respeto a las minorías? Si un Estado del Bienestar no se asienta sobre el respeto a las minorías (a su representatividad sin complejos, después de todo) y sobre unos 'pilares mínimos' como la Educación, la Sanidad o la Seguridad, ¿de qué estamos hablando?
Me ha gustado mucho tu entrada con Vladimir a la cabeza
Saludos desde Riga
Ardievas!
Hola Cinderella,
ResponderSuprimirMoltes gràcies per la teva aportació. D'acord amb el que comentes, per cert, que no sabia de tu, una més de la Península Ibèrica que està vivint a Riga... Ja seguiré una miqueta les teves històries per Riga :-).
Uz drīzu tikšanos
Jejejee, sí ací hi sóc
ResponderSuprimirPer cert, catalano-parlant també? (o és cosa del Google Translate el teu català? :)).
Crec que puc apendre jo molt és de tu que no pas tu de mi (ja saps, festes d'Erasmus que odie, melàngies, desconcerts diversos durant la meua estança a Riga...)
Ongi etorri!
De tots/totes es pot aprendre i de cada situació també ;)
ResponderSuprimirDoncs res de Google Translate...parlo català al basque style XD Mai he viscut als Països Catalans, però sempre he tingut prou amics per allà :-) Encara que cada cop tinc menys oportunitats de practicar-lo... Zaindu Riga :-)