Antes de la caída de la Unión Soviética, Sujumi era una ciudad costera que superaba los 120.000 habitantes y en la que florecía el turismo y la ociosidad. Su belleza humilde era paradisíaca gracias a sus playas, el paseo marítimo y el extraordinario entorno natural y cultural que lo rodea. Era prácticamente imposible que Batumi, la ciudad costera del Sur de Georgia, pudiera competir con Sujumi y, menos aún, con su entorno natural.
Al norte de la capital abjasa se esconden unas de las mejores playas, costas y bahías del Mar Negro. Todas ellas a escasa media hora de un paisaje alpino espectacular compuesto por bosques frondosos de robles, hayas, abetos y alisos; aguas cristalinas de ríos y lagos; y montañas que superan los 2.000 metros de altura. Todas estas condiciones naturales, después de la Segunda Guerra Mundial y hasta la caída la década de los 80 del siglo pasado, dibujaron un cuadro bucólico de Abjasia en la que los abjasios recuperaban su cultura y lengua, a la vez que salían de la pobreza. Pasaron de ser un país eminentemente rural a vivir la eclosión del turismo. Abjasia era visitada por turistas que llegaban tanto de la Unión Soviética como de las repúblicas populares del Este de Europa (Alemania Oriental, Polonia etc.).

Poco quedó de todo aquel esplendor turístico una vez cayó la Unión Soviética y se desató la guerra entre Abjasia y Georgia. Las consecuencias del conflicto militar de los noventa dejaron muy dañada a Sujumi. La ciudad quedó física y espiritualmente perjudicada. Los edificios y casas abandonados se multiplicaron, algunos porque fueron destruidos a bombazos y otros porque fueron quemados o dejados a su suerte cuando los propietarios huyeron. Desde entonces, la ciudad no acaba de esquivar cierto aire fantasmagórico. La reconstrucción de los edificios ha sido muy lenta en un contexto económico extremadamente delicado. Abjasia estaba prácticamente aislada del mundo y soportaba un fuerte embargo económico que solo era atemperado por su relación con Rusia, una relación que tampoco acabo de normalizarse hasta el 2008, tras la guerra del Sur de Osetia y el reconocimiento de Rusia de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur. Hasta ese momento y desde la caída de la Unión Sovíetica, diferentes estimaciones indican que la caída del PIB de Abjasia fue entre un 70% y 90%. Dramático.

No obstante, desde que Rusia ha reconocido la independencia y ha estrechado sus lazos con Abjasia, parece que la economía de este pequeño país empieza a recuperarse ligeramente. El turismo, exclusivamente ruso, es uno de los motores de la recuperación, aunque sin llegar a esplendores pasados. No hay duda que al respecto la potencialidad es inmensa. Ahora bien, no parece que la situación pueda normalizarse mientras el conflicto con Georgia no se relaje y aumente la lista de países que reconocen la independencia de Abjasia. Hasta entonces, la ciudadanía abjasa tiene todos los huevos de su esperanza en la misma cesta: Rusia.
Cada vez está más claro que Rusia garantizará la seguridad de Abjasia con mayor determinación que lo hizo hasta 2008. Los motivos para ello, al menos, son tres:
1) Geoestratégicos: crear un cordón “sanitario” con Georgia (país abiertamente hostil con Rusia y competidor imperialista en el Cáucaso); ampliar y diversificar sus aliados en la región y en la zona del Mar Negro.
2) Militares: estrechamente relacionados con los anteriores, la toma de posiciones militares en el territorio. Los rusos abrirán varias bases militares en el pequeño país, lo que les ayudará a reducir la dependencia de algunas como la naval de Sebastopol en territorio ucraniano.
3) Garantizar la seguridad de Sochi: en esta ciudad del Sur de Rusia, muy cercana con la frontera norte de Abjasia y a 100 km de la capital Sujumi, es la principal ciudad turística de Rusia y lugar de segundas residencias de muchos ricos rusos. Además, en Sochi se celebrarán los Juegos Olímpicos de 2014, el gran premio de Formula 1 de Rusia entre 2014 y 2020 y será una de las sedes del campeonato del mundo de Fútbol en el 2018.
Precisamente, el tercer motivo también ha generado un sinfín de esperanzas económicas en Abjasia. Mucha mano de obra abjasa trabaja en las construcciones y servicios de Sochi e, incluso, en el futuro se cree que una parte de los deportistas y visitantes podrían ser alojados en Abjasia, ya que es probable que Sochi no pueda absorber a todos los visitantes. Los planes son muchos y parece que esperanzadores para Abjasia. Sin embargo, aún la sensación de vacío y cierto abandono es apreciable en Sujumi (lo más animado es el mercado y sus alrededores, donde parece una ciudad completamente normal).

Es dura la disonancia entre lo que en su día fue una ciudad con más de cien mil habitantes y decenas de miles de turistas visitándola, a una en la que los miles de turistas no pueden llenar el vacío de una ciudad de poco más de cuarenta mil habitantes. El aire de decadencia de Sujumi esta en prácticamente en todas sus esquinas, pero, quizás, el máximo exponente sea su paseo marítimo. El contraste con la ciudad costera de Batumi en Georgia es impactante. Esta última ha recibido una lluvia de millones de dólares de inversión los últimos años y se ha convertido en la referencia turística marítima para Azerbaiyán, Armenia y Georgia. Su desarrollo es escandaloso, en gran parte como capricho de Saakashvili y la ausencia de competencia alguna en el Mar Negro caucásico. La costa georgiana no puede competir en belleza y kilómetros con la abjasa, pero, mientras en Abjasia siga la situación sin normalizarse, es la única que el turista percibe como segura. Ahora bien, como algún día se solucione la cuestión política o/y se amplíe la apertura turística de Abjasia más allá de Rusia, gracias a acontecimientos como los Juegos Olímpicos de Invierno, la Formula 1 o el Campeonato del mundo de Fútbol, entonces, me temo que el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en Batumi va a hacer parecer una broma el español.
Al norte de la capital abjasa se esconden unas de las mejores playas, costas y bahías del Mar Negro. Todas ellas a escasa media hora de un paisaje alpino espectacular compuesto por bosques frondosos de robles, hayas, abetos y alisos; aguas cristalinas de ríos y lagos; y montañas que superan los 2.000 metros de altura. Todas estas condiciones naturales, después de la Segunda Guerra Mundial y hasta la caída la década de los 80 del siglo pasado, dibujaron un cuadro bucólico de Abjasia en la que los abjasios recuperaban su cultura y lengua, a la vez que salían de la pobreza. Pasaron de ser un país eminentemente rural a vivir la eclosión del turismo. Abjasia era visitada por turistas que llegaban tanto de la Unión Soviética como de las repúblicas populares del Este de Europa (Alemania Oriental, Polonia etc.).
Poco quedó de todo aquel esplendor turístico una vez cayó la Unión Soviética y se desató la guerra entre Abjasia y Georgia. Las consecuencias del conflicto militar de los noventa dejaron muy dañada a Sujumi. La ciudad quedó física y espiritualmente perjudicada. Los edificios y casas abandonados se multiplicaron, algunos porque fueron destruidos a bombazos y otros porque fueron quemados o dejados a su suerte cuando los propietarios huyeron. Desde entonces, la ciudad no acaba de esquivar cierto aire fantasmagórico. La reconstrucción de los edificios ha sido muy lenta en un contexto económico extremadamente delicado. Abjasia estaba prácticamente aislada del mundo y soportaba un fuerte embargo económico que solo era atemperado por su relación con Rusia, una relación que tampoco acabo de normalizarse hasta el 2008, tras la guerra del Sur de Osetia y el reconocimiento de Rusia de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur. Hasta ese momento y desde la caída de la Unión Sovíetica, diferentes estimaciones indican que la caída del PIB de Abjasia fue entre un 70% y 90%. Dramático.
No obstante, desde que Rusia ha reconocido la independencia y ha estrechado sus lazos con Abjasia, parece que la economía de este pequeño país empieza a recuperarse ligeramente. El turismo, exclusivamente ruso, es uno de los motores de la recuperación, aunque sin llegar a esplendores pasados. No hay duda que al respecto la potencialidad es inmensa. Ahora bien, no parece que la situación pueda normalizarse mientras el conflicto con Georgia no se relaje y aumente la lista de países que reconocen la independencia de Abjasia. Hasta entonces, la ciudadanía abjasa tiene todos los huevos de su esperanza en la misma cesta: Rusia.
Cada vez está más claro que Rusia garantizará la seguridad de Abjasia con mayor determinación que lo hizo hasta 2008. Los motivos para ello, al menos, son tres:
1) Geoestratégicos: crear un cordón “sanitario” con Georgia (país abiertamente hostil con Rusia y competidor imperialista en el Cáucaso); ampliar y diversificar sus aliados en la región y en la zona del Mar Negro.
2) Militares: estrechamente relacionados con los anteriores, la toma de posiciones militares en el territorio. Los rusos abrirán varias bases militares en el pequeño país, lo que les ayudará a reducir la dependencia de algunas como la naval de Sebastopol en territorio ucraniano.
3) Garantizar la seguridad de Sochi: en esta ciudad del Sur de Rusia, muy cercana con la frontera norte de Abjasia y a 100 km de la capital Sujumi, es la principal ciudad turística de Rusia y lugar de segundas residencias de muchos ricos rusos. Además, en Sochi se celebrarán los Juegos Olímpicos de 2014, el gran premio de Formula 1 de Rusia entre 2014 y 2020 y será una de las sedes del campeonato del mundo de Fútbol en el 2018.
Precisamente, el tercer motivo también ha generado un sinfín de esperanzas económicas en Abjasia. Mucha mano de obra abjasa trabaja en las construcciones y servicios de Sochi e, incluso, en el futuro se cree que una parte de los deportistas y visitantes podrían ser alojados en Abjasia, ya que es probable que Sochi no pueda absorber a todos los visitantes. Los planes son muchos y parece que esperanzadores para Abjasia. Sin embargo, aún la sensación de vacío y cierto abandono es apreciable en Sujumi (lo más animado es el mercado y sus alrededores, donde parece una ciudad completamente normal).
Es dura la disonancia entre lo que en su día fue una ciudad con más de cien mil habitantes y decenas de miles de turistas visitándola, a una en la que los miles de turistas no pueden llenar el vacío de una ciudad de poco más de cuarenta mil habitantes. El aire de decadencia de Sujumi esta en prácticamente en todas sus esquinas, pero, quizás, el máximo exponente sea su paseo marítimo. El contraste con la ciudad costera de Batumi en Georgia es impactante. Esta última ha recibido una lluvia de millones de dólares de inversión los últimos años y se ha convertido en la referencia turística marítima para Azerbaiyán, Armenia y Georgia. Su desarrollo es escandaloso, en gran parte como capricho de Saakashvili y la ausencia de competencia alguna en el Mar Negro caucásico. La costa georgiana no puede competir en belleza y kilómetros con la abjasa, pero, mientras en Abjasia siga la situación sin normalizarse, es la única que el turista percibe como segura. Ahora bien, como algún día se solucione la cuestión política o/y se amplíe la apertura turística de Abjasia más allá de Rusia, gracias a acontecimientos como los Juegos Olímpicos de Invierno, la Formula 1 o el Campeonato del mundo de Fútbol, entonces, me temo que el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en Batumi va a hacer parecer una broma el español.