2012/01/23

Edificios soviéticos y espacios verdes (II)

Como decía en el anterior post, el problema de la vivienda en la Unión Soviética era muy grande, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. Para hacer frente a las necesidades de alojamiento de millones de personas que vieron destruidos sus hogares, crecieron tres tipos de alojamiento. El primero y más precario por su carácter provisional eran los barracones donde se solían alojar varias familias. El segundo, de larga tradición, eran las residencias con servicios comunes compartidos donde vivían (y viven) desde personas solas a familias en una sola habitación. Finalmente, el tercero son las komunalkas, viviendas donde cada familia dispone de una habitación y comparte con otras la cocina y el baño. Estas últimas, en su mayoría surgieron de la transformación de los apartamentos de acomodados burgueses en alojamiento comunal.

Si bien la palabra ‘comunal’ tiene algo de exotismo, en la práctica no expresa nada que no ocurriese en otros lugares del planeta, donde era (y es) más o menos habitual que los apartamentos fueran (sean) habitados por más de una familia. Por ejemplo, en España tras la Guerra Civil había muchas familias que alquilaban habitaciones en pisos donde se apilaba la gente. Décadas más tarde, en pleno siglo XXI se ha vuelto a repetir el fenómeno con pisos que eran auténticas 'komunalkas' por la necesidad de afrontar los elevados costes del alquiler. En el 2012 la historia sigue repitiéndose e, incluso, cada vez más. En la edición de Euskadi de la Cadena Ser ahora mismo (mediodía del sábado 21 de enero) están tratando el tema, ya que con la crisis económica proliferan apartamentos donde viven varias familias o familias que alquilan alguna habitación de su vivienda para sacarse un dinerillo.

Por lo tanto, la diferencia es que en la URSS las komunalkas no eran de propiedad privada, mientras que en el sistema capitalista es ‘el mercado’ quien las crea para asegurar el lucro del dueño de la vivienda y/o del banco. Sin embargo, esta diferencia no puede ser óbice para que las cosas se dejen claras, desde mi punto de vista la mayoría de las komunalkas y las residencias (los barracones fueron una solución temporal para después de la Segunda Guerra Mundial) no son lugares dignos para vivir. Entre otros motivo por la falta de intimidad y porque con el paso del tiempo los espacios comunes se deterioraban mucho. Tal y como dice el dicho popular, ‘lo que es de todos no es de nadie’ y, consecuentemente, el cuidado y la conservación de las komunalkas y residencias dejaba (deja) mucho que desear en comparación con las 'komunalkas' para el lucro privado que ha creado el capitalismo. A pesar de ello, hay que admitir que gracias a estas precarias infraestructuras se evitaba la proliferación de fenómenos tan propios del capitalismo como el chabolismo.

En este contexto, hay que tener en cuenta que, en comparación con la mayoría de los países de Europa, en la URSS no era una tarea fácil la de alojar a toda la ciudadanía en apartamentos de uso privado después de haber sido el país más perjudicado por la Segunda Guerra Mundial. El plan de realojamiento masivo empezó de la mano del gobierno de Jruschov y sus edificios prefabricados pensados para que fueran temporales. Estas son las casas de construcción rápida que se pueden encontrar en el barrio de Ķengarags y en cualquier ciudad o barrio de construcción soviético: cinco pisos (más el bajo), sin ascensor, con fachadas dominadas por el color gris del cemento carentes de decoración alguna (al contrario que los edificios estalinistas) y con una baja calidad de los materiales utilizados, lo que pronto acababa reflejándose en un deterioro de la imagen de su fachada y espacios comunes. Sin embargo, no por ello dejaban de ser unos apartamentos más que dignos, con todas las facilidades que se les podía pedir en aquella época. 

Foto tomada en el barrio de Ķengarags (Riga) el 29-12-2011. Sobre la fachada de un edificio de bloques soviéticos prefabricados de la época de Jruschov, la pintada dice en léton: 'socialismo o crisis' 

A estos de construcción rápida, a partir de la década de los 60 se les fueron sumando una gama más amplia de apartamentos que habitualmente solían ser mejores. Edificios más grandes, ya concebidos para tener una vida más duradera, con sus ascensores y todo tipo de facilidades. No todos los apartamentos eran para el mismo tipo de personas, sobradamente conocida es la existencia de clases sociales en la Unión Soviética, con menores diferencias económicas que en Occidente, aunque con otro tipo de privilegios sociales como el que conllevaba ser del Partido y ocupar uno u otro cargo. Así, algunos edificios estaban claramente dirigidos a clases acomodadas y otros a la población en general. No obstante, el mayor privilegio de la casta del partido no era tanto el acceso a unos apartamentos concretos como la capacidad de saltarse las listas de espera para la obtención de una vivienda. 

Así las cosas, en la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado habían pasado a la historia la idealización de la vida comunitaria y demás discursos que en algún momento había utilizado el PCUS para justificar lo que sus propios dirigentes evitaban: vivir en apartamentos o residencias comunitarias. Desde este punto de vista, la época de Jruschov marcó un hito al fijar como objetivo responder a la necesidad de apartamentos de uso privado para toda la población. En general, la respuesta inicial fue muy eficaz logrando construir un sinfín de edificios en tiempo record (algunos edificios prefabricados de paneles podían ser montados en doce días). Para esta ingente labor fue necesario desarrollar materiales y proyectos muy ajustados desde el punto de vista del coste. De tal manera que, tratando de maximar el número de apartamentos por cada edificio, la superficie destinada a cada piso fue más bien pequeña. 

Comparado con el estándar del continente americano, los apartamentos eran pequeños, aunque no tanto si se comparaba con los países europeos, donde incluso podían encontrarse proyectos de la misma época con pisos de menor superficie. En cambio, en comparación con los apartamentos japoneses los soviéticos eran más amplios, para hacerse una idea orientativa de los diferentes tamaños de los pisos (con un pequeño margen de variación), “la normativa que regulaba el espacio habitable por persona concedía 33m2 a los ciudadanos que vivían solos; 42m2 a una familia de dos miembros; y 18m2 por cada miembro extra de la familia” (Gutierrez, S. y Orúe, E. -1997-: Rusia en la encrucijada. Madrid: Espasa Calpe, página 85). De tal manera que, habitualmente, los pisos con menos de 50m2 tenían un baño completo y los que superaban ese tamaño tenían un cuarto para el WC y otro para la ducha o bañera. 

Las críticas desde occidente sobre el ‘poco’ espacio de los apartamentos son más que frívolas, porque no se tienen en cuenta las circunstancias a las que estaba haciendo frente la URSS y, porque además, la comparación depende mucho de quién la haga. Por ejemplo, quien suscribe este post ha crecido junto a su padre, madre y hermano en un apartamento de 36m2 de la época franquista, sin calefacción central y con agua calentada con bombonas de butano. Pero es más, teníamos vecinos que eran seis en pisos del mismo tamaño. De todas maneras hubo épocas peores, si lo comparamos con lo que fue habitual entre los años 50 y 70. Entonces en mi familia convivían hasta 10 personas en más o menos 40m2 y, por cierto, esto no era para nada una excepcionalidad en Gipuzkoa, la provincia con más renta per capita de España. Así que a buen seguro mis padres, abuelos, tíos, vecinos y demás hubiésemos firmado por un apartamento jruschovka bien rápido e, incluso, hoy en día todavía me sale a cuenta en la comparación con este de Bilbao donde escribo.

Resumiendo, la extensión de estos apartamentos jruschovki supuso una revolución en los estándares de calidad de vida la Unión Soviética y de sus países aliados de Europa Central y Oriental. No obstante, la necesidad era tan grande en la URSS que cuando llegó la década de los ochenta todavía no era universal el acceso a la vivienda gratuita de uso privado. Todavía existían komunalkas y residencias que aún hoy no se han erradicado. Hasta hace bien poco una pareja amiga ha vivido con sus hijos en una komunalka (ahora de titularidad privada) en Riga, aunque por suerte, hace unos meses han podido mudarse a una vivienda independiente. 

Pero, ¿cómo es posible que estos apartamentos de ser deseados pasaran a ser extremadamente criticados por los propios ciudadanos soviéticos? Son muchas las variables que habría que explicar para entenderlo, aunque desde luego, una de ellas fue el deterioro de los pisos y, sobre todo, de los edificios y zonas comunes por falta de renovación; realidad ésta que estaba conectada con la crisis económica de los años ochenta en la que estaba sumida la Unión Soviética. Ahora bien, entre todos los factores, creo que la lucha propagandística que estaba desarrollando EEUU contra la URSS fue muy importante. Esta pugna la ganó EEUU gracias a los diferentes productos audiovisuales que llegaban de forma legal o ilegal a las casas de los ciudadanos soviéticos. 

En todo el espacio del socialismo real la década de los ochenta fueron años de apertura cultural a Occidente. Después de dos décadas (60 y 70) marcadas por la Guerra Fría y por la cerrazón estatal a la mayoría de películas y series de televisión occidentales, la puerta se volvió a abrir. A pesar de que a algunos países llegaban más series y películas que a otros, en general todas sus televisiones empezaron a emitir productos estadounidenses y si no eran muchos, para ello estaban las cintas de vídeo que circulaban en el mercado negro con todo tipo de productos audiovisuales occidentales (básicamente norteamericanos). En una sociedad donde la protección estatal seguía siendo bastante importante y donde aquellos que vivían en los edificios de apartamentos soviéticos (de inspiración plattenbau alemanas y lecorbusianas) tenían todos los mínimos satisfechos, quedaban fascinados por series como Dallas. No pensaban que lo que tenían no está asegurado en un sistema capitalista, no pensaban que lo podían perder; simplemente querían tener casas grandes, coches de alta gama y lujo como el que se veía en las películas y series norteamericanas. Tantas veces subestimada en política la guerra de la ‘cultura popular’, una vez más volvía a rebelarse como clave.

Continuará

12 comentarios:

  1. Oso interesgarria Axi.

    Está claro que lo que denominan "soft power" fue uno de los factores más determinantes de la desaparición de la URRS:

    Visit W3Schools

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  2. Eskerrik asko. Azkenean Gramscik zioenarekin zerikusi handia dauka:

    "ez dago botere politikoa hartzerik, aldez aurretik botere kulturala hartu gabe" (gutxi gora, memoriaz ari naiz).

    Gramsci:
    "no se puede tomar el poder político, si antes no se ha tomado el poder cultural" (más o menos, porque lo cito de memoria).

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  3. Hola Asier. Muy interesante esta serie sobre la vivienda en la URSS. Me has hecho reflexionar (otra vez) sobre algunos tópicos del comunismo. Y por cierto, yo también crecí en un minipiso (y además muy mal distribuido) con cuatro personas más y un perro :-)

    Si puedes, me gustaría mucho que escribieras sobre la tremenda crisis demográfica de Letonia (y de otros muchos países del Este). Creo que puede ser muy interesante.

    Un cordial saludo

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  4. Hola Higinio, muchas gracias por tu aportación. Lo de la demografía lo tengo en cartera, porque hace un tiempo que publique los primeros post de una serie sobre la necesidad de medida 'liberales' en Letonia y me quedé en el que tocaba la demografía. La semana pasada volvieron a surgir noticias del censo y con esas espero que para febrero escriba un post de análisis. saludos

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  5. Hola Asier,
    Me ha gustado mucho este post, sobre todo porque tenía entendido que las 'komunalkas' fueron 'privatizadas' con la llegada de la independencia de Letonia en los 90. Todavía quedan vviendas así que puedan depender del gobierno? Y sobre todo, ¿que pasa con el actual sistema de construcción? Riga es una ciudad en la que cuesta ver nueva 'puesta en marcha' o remodelacón de viviendas (al menos, yo no la veo). Hay barrios residenciales en el exterior o simplemente no hay boom de construcción tras la caída de 2008?

    Salutacions i endavant amb el bloc

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  6. Hola Cinderella, muchas gracias. En los 90 fueron privatizadas todas las formas de alojamiento. La diferencia es que los edificios construidos durante la Unión Soviética, en general, privatizaron el uso de los apartamentos a favor de los inquilinos (nótese, paga por el derecho al uso de un bien por el que tenías derecho al uso de igual manera), pero el edificio siguió siendo público (normalmente del Ayuntamiento), posteriormente algún edificio se ha privatizado (vendido por parte del Ayto. a manos privadas).

    En el caso de las 'Komunalkas', lo habitual es que las relativamente pocas creadas en Letonia (en comparación con otras Repúblicas de la URSS) lo fueran en edificios nacionalizados de clases acomodadas. Estos, fuesen Komunalkas o no (lo más habitual esta última), en los 90 fueron 'devueltos' a sus propietarios del periodo de entreguerras. Un buen número de los ‘propietarios’ rehabilitados vivían en el extranjero (ya fueron numerosos los burgueses que huyeron la guerra y/o sus consecuencias económicas y/o políticas y/o de inestabilidad a EEUU, Canadá...), así que había todo tipo de perfiles de nuevos propietarios. La mayoría de ello si no tenían interés lo vendían y hacían caja, si tenían interés solían tener dinero para reformar, rehabilitar y demás. Entre los que estaban en el país las posibilidades eran menores. La cuestión es que muchas de las komunalkas siguieron siendo komunalkas pero de titularidad de privada (por eso digo ‘ahora de titularidad privada’, con el ahora me refiero a la época capitalista). Es decir, los inquilinos tenían y tienen que pagar a un dueño privado, pero en lo demás no cambiaba nada.

    Esto puede servir de excelente ejemplo para ver el nivel de hipocresía en el que nos movemos. En Letonia se puede escuchar eso de que no existen las ‘komunalkas’ porque claro, los propietarios son privados. En cambio, en Rusia, fue y es mucho más difícil el proceso de devolución de las propiedades privadas de los edificios y apartamentos porque hay que retrotraerse a 1917, por lo tanto, todavía hay komunalkas de titularidad pública (aunque pocas). ¿La diferencia entre unas y otras para el inquilino? Ninguna. Es decir, si es pública es feo, está mal, se critica… ahora si es privada perfecto, como si pagas por el alquiler de una chabola, ya no es responsabilidad del sistema político, económico… El cambio de propietario no cambia las condiciones de vida de los inquilinos, obviedades como estas todavía hay que explicarlas en país como Letonia.

    Sobre la construcción. Ahora hay muy poquito, lo que se construye más son casas unifamiliares en Jurmala (y todo lo que va camino de esta población) y edificios de apartamentos tanto en Jurmala como en Saulkrasti. Por lo demás casi nada. La cuestión es que hay decenas de nuevos edificios de apartamentos vacíos o a medio terminar por la crisis del 2008. No tiene ningún sentido construir sino pueden vender todos los que hicieron. Los hay por toda la ciudad (no en el centro, sino en la periferia del centro y los barrios periféricos), pero bueno, como ejemplos donde se construyó mucho o bastante y todo está casi vacío, entre ellos se pueden mencionar Nuevo Teika, Purvciems, Pļavnieki...

    Bona sort amb el fred que esteu patint aquests dies :-)

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    1. No me había quedado con eso, es bueno joder. Si algo funciona mal en lo público, lo privatizamos, sigue funcionando mal pero ya no será culpa del sistema. Me la guardo. Excelente post!

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    2. Muchas gracias Javier. Por cierto de pasada añadiré una cosa que no he mencionado. En el bienio 2008-2010 el desplome de los precios en el sector inmobiliario fue enorme, pues bien, los super-chachi-nacionalistas letones en el poder, patriotas para lo que les da la gana, no tuvieron mejor idea que para evitar el desplome total de los precios, pues hacer la siguiente oferta: dar permisos de residencia en el país (ojo un país Schengen, lo que significa permiso de residencia en este espacio europeo exclusivo) a aquellos ciudadanos extranjeros que comprasen viviendas con un precio mínimo 100.000 Lats (hablo de memoria así que más o menos), es decir 141.000 euros. De ahí que en el centro de Riga y Jurmala se hayan mantenido, dentro de la debacle, los precios. Así muchos ciudadanos rusos ricos se han comprado una propiedad por la cual han obtenido permiso de residencia, es más, ahora en este mercado inmobiliario-papeles de residencia están entrando también algunos chinos ricos. Cómo veis, para esto los rusos están bien, con dinerito fresquito que favorece a los bancos (si se han quedado con el marrón de algún piso o casa impagado), empresarios de la construcción (construcciones nuevas dirigidas a ese sector de extranjeros, sobre todo en Jurmala y Saulkrasti) y propietarios acomodados que han vendido sus pisos de alto nivel a estos ciudadanos o se han quitado de encima alguna deuda que tenían… evidentemente, esta medida tiene un impacto directo nulo sobre la mayoría de la población que vive o tiene pisos más baratos, pequeños y definitivamente no de alto nivel. Pero como siempre, el estado letón, al servicio del dinero, si es por eso, hasta una invasión de rusos la recibirían con las puertas abiertas.

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  7. Muy bueno el artículo. Ya va siendo hora de dejar las cosas claras, universalizar los mínimos imprescindibles es contradictorio con la provisión de casas grandes y coches de lujo.

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