2012/02/05

Edificios soviéticos y espacios verdes (III): el lago Bābelītis en Rīga

Tal y como acertadamente señalaba un contertulio en la página de Facebook de este blog, es verdad que en muchas ciudades del ‘socialismo real’ la arquitectura de grandes edificios de apartamentos fue abrazada con un mayor ímpetu que en otros lugares del planeta. Esto era así por la ya mencionada necesidad de viviendas tras la amplia destrucción sufrida en la Segunda Guerra Mundial y, por otra parte, porque algunos gobiernos utilizaron esta arquitectura para simbolizar una ruptura con el pasado. Entre los efectos colaterales de este uso generalizado está el desarrollo de nuevos proyectos poco respetuosos con el patrimonio arquitectónico existente. Esto por sí mismo no es una singularidad del espacio postsoviético, en el sistema capitalista esta práctica estaba y está a la orden del día, sin embargo, las decisiones en los países capitalistas suelen estar fragmentadas entre diferentes agencias y entre diferentes mercados (privado, público y concertado), lo que implica que en la gestión del suelo y del patrimonio pueda haber un amplio abanico de decisiones que no guarden coherencia una con la otra. En cambio, lo habitual en los países del socialismo real era que las decisiones estuvieran muy centralizadas a través de la planificación, por ello, cualquier decisión adoptada implicaba una gran extensión de su impacto. 

 El lago Bābelītis (Riga), una de las playas con los nuevos cambiadores a la izquierda (agosto del 2011)

Por ejemplo, si en el sistema capitalista tenemos dos municipios vecinos con dos cascos viejos que tienen viviendas de alto valor artístico, puede que en un municipio se defienda el patrimonio cultural a través de la rehabilitación, mientras que en el otro se rechaza esta opción para dar a lugar una multiplicidad de acciones dependiendo de la opción de los propietarios de los edificios. Así, algunos podrían ser derruidos para construir nuevos edificios, otros podrían ser rehabilitados e incluso alguno podría ser expropiado por su alto valor patrimonial. De lo contrario, si se diese el mismo caso en un país del ‘socialismo real’, lo más habitual sería que una única decisión determinará el resultado último de ambos cascos urbanos y todos los edificios involucrados. 

Visión del lago Bābelītis (Riga, agosto del 2011)

A pesar del ejemplo expuesto, hay que tener en cuenta que en la mayoría de los países del ‘socialismo real’ no optaron por destruir el patrimonio arquitectónico, salvo en algunos sonados casos. La discusión más concreta puede ser sobre las diferentes actitudes que se tomaron para su conservación o sobre el respeto que tuvieron los nuevos proyectos con su entorno arquitectónico preexistente. Pero dejando a un lado esa disputa, entre lo positivo cabe destacar que una de las ventajas de los edificios soviéticos es que la ocupación del suelo era significativamente menor que en los países capitalistas, gracias a la maximización del espacio y la ausencia de especulación, lo que posibilitó que se desarrollarán infinidad de espacios verdes y semisalvajes en plena ciudad. 

 El lago Bābelītis (Riga), vistas de una de sus playas (agosto del 2011)

Hay suburbios soviéticos que son una auténtica delicia con sus parques, bosques y lagos artificiales o reales. Una concepción muy diferente a la que, por ejemplo, se han desarrollado en dos de los paradigmas capitalistas, Inglaterra o los Países Bajos, donde la construcción de casas unifamiliares o adosados han ocupado todo el terreno, haciendo prácticamente desaparecer a la naturaleza. Ir al bosque en Holanda es ir a un parque. En cambio, en las ciudades soviéticas lo habitual es que los lagos, ríos, bosques y zonas verdes fueran respetados con una escasísima densidad de construcciones alrededor de ellos. Gracias a ello, desde Chisinau a Riga, pasando por Kiev podemos encontrar varios pulmones verdes en las ciudades, así como bosque real circundándolas. La naturaleza está muy presente, al contrario de lo que ocurre en Inglaterra o los Países Bajos. 

El lago Bābelītis (Riga), una de las zonas con mesas y asadores (agosto del 2011) 

Un ejemplo de lo que expongo es Riga, una ciudad en la que hay bosques y lagos bastante respetados, en parte, gracias a las construcciones de bloques soviéticos que han evitado la proliferación de casitas y espacios privados que despojarían a la mayoría de la población del uso de esos espacios naturales. Aunque con la caída de la Unión Soviética cada vez avanza más la privatización de esos espacios públicos, a través de la construcción de urbanizaciones y casas unifamiliares a pie de lagos, en la riberas del río Daugava o en zonas verdes privilegiadas. Pero a pesar de ello, la situación que dejó la URSS era tan buena que aún hoy la mayoría de los barrios disponen de espacios naturales que ahora, desde que gobierna el Ayuntamiento el centro-izquierda, han pasado a ser renovados y provistos de nuevos equipamientos. Sin duda estas inversiones en la periferia, junto al impulso de las ayudas sociales, son la mejor cartilla de presentación (la peor la dejamos para otro día) de lo que ha supuesto el acceso al poder de la izquierda en el Ayuntamiento de Riga. 

 Nuevos cambiadores del lago Bābelītis con espejos incluidos para las/los coquetas/os

Como ejemplo de lo expuesto está el lago Bābelītis, uno de los espacios verdes renovados en Riga. El Ayuntamiento ha acondicionado sus playas con la reposición de varios servicios (entre ellos de salvamento y de seguridad), así como con mesas y asadores en diferentes puntos alrededor del lago. Este se encuentra cerca de un barrio de edificios de construcción soviéticos, así que los moradores de estos con un paseo de diez minutos pueden escapar de la ciudad para introducirse en el bosque, tomar el sol en una playa o disfrutar de un baño en verano. No es el único lago en Riga, de hecho es uno de los más pequeñitos, pero, como nosotros lo tenemos a 30 minutos escasos andando desde nuestro piso (a 10 minutos si tomamos un tranvía y luego damos un paseo de cinco minutos), pues le tengo mucho cariño. Por allí, el pasado verano nos dimos algunos buenos chapuzones… 

Continuará...

4 comentarios:

  1. Muy interesante esto de los lagos. En Europa Occidental era más habitual dragar los lagos o marismas, en España eso ha sucedido en muchos lugares. Una pena. A parte de la belleza estética, estás resultan excelentes reservas de fauna, etc.

    Las críticas absolutas a la URRS, hace que nos olvidemos de los aspectos positivos que tenía aquel sistema político, y es que todos los sistemas políticos pueden tener cosas positivas!

    ResponderEliminar
  2. Todavía me acuerdo del Dragamiento del Urdaibai.l

    La verdad es que da un poco de envidia el Babelitis. Como un Parque Etxebarria pero con piscina!!

    ResponderEliminar
  3. Kaixo Oxan! Gracias por el comentario. Lo de dragar también en la URSS 'experimentaban' con la naturaleza, demasiado, el mejor ejemplo es el desastre del Mar Aral. No obstante, no era con objeto de especular, hacer dinero, negocios...
    El lago Babelitis es pequeño, pero jejejeje, el parque de Etxebarria no abarca ni un 10% del tamaño :-) Por suerte hay hasta bosque y cerca de este hay grandes lagos y más bosques... una auténtica gozada. Ondo ibili ekialdean!

    ResponderEliminar