2012/02/17

Letonia vota sobre la cooficialidad del ruso

El panorama político letón es desesperante por diferentes motivos: la corrupción es endémica; la incapacidad política es lo común; la sumisión a los poderes económicos internos y externos es muy preocupante y, consecuentemente, las medidas neoliberales inundan la toma de decisiones de los sucesivos gobiernos letones. Estas y otras políticas erróneas, han sido posible gracias al uso banal del nacionalismo por parte de los diferentes partidos políticos letones que informalmente representan a la etnia letona. De esta manera logran desenfocar la atención del debate socioeconómico centrándolo en el rechazo a los otros, los “rusos”. El resultado ha sido desastroso, Letonia desde que es independiente, en solo 20 años ha perdido más del 25% de la población. Solo en la última década más de 300.000 personas han abandonado el país, más que durante la Segunda Guerra Mundial o aproximadamente el doble de personas perdidas por deportaciones o emigración política durante los años del estalinismo (1940-1953).

Ante este escalofriante panorama, mañana sábado (18-02-2012) culminará con un referéndum otro de los desesperantes espectáculos políticos a los que hemos asistido los últimos meses en Letonia. En esta ocasión se va a votar sobre la posibilidad de que el ruso se convierta en la segunda lengua oficial del Estado letón. ¿Cómo se ha llegado al referéndum? En Letonia está vigente la Constitución de antes de la Segunda Guerra Mundial, gracias a ello pueden excluir a cientos de miles de personas de la ciudadanía letona y convertirlos en apátridas, aunque sean residentes letones de tercera o cuarta generación y vaya contra el espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 15), sabido es que todo tipo de vulneraciones son admisibles siempre y cuando tu aliado sea el más poderoso en el escenario geoestratégico mundial. Por ello, en la actualidad el 15% de la población carecen de ciudadanía, lo que entre otras cosas quiere decir que no tienen derechos políticos como el del voto. Este porcentaje de excluidos políticos en la década de los 90 del siglo pasado llegó a alcanzar prácticamente el 30%. Desde entonces, una parte importante de los habitantes de etnia eslava han accedido a la ciudadanía pasando un examen de lengua, historia y lealtad constitucional. Es importante señalar que entre estos, muchos son nietos e incluso biznietos de inmigrantes económicos llegados de Rusia, Ucrania o Bielorrusia.

Pero, en el paquete de la constitución de 1922 también vienen elementos radicalmente democráticos, como la posibilidad de impulsar referéndums por parte de la ciudadanía para todo tipo de asuntos y circunstancias: desde la disolución del Parlamento hasta la introducción de enmiendas en la constitución, pasando por la revocación de leyes aprobadas en el Parlamento. La consecuencia es que Letonia tiene un sistema que se aproxima mucho al suizo, constituyendo así una rareza en el continente europeo.

El sistema es bastante sencillo. Si se recaban 10.000 firmas para una propuesta, a partir de ahí el Estado, a través de la Comisión Electoral Central, se encargará de proseguir con el proceso de recogida de firmas habilitando para ello diferentes puntos en edificios públicos. El plazo para la colecta de firmas es de 30 días, una vez haya transcurrido se convocará el referéndum, siempre y cuando el número de firmas recogidas suponga como mínimo el 10% del censo electoral letón, es decir, en la actualidad alrededor de 153.000.

En el caso que nos ocupa, la historia se remonta a principios del año 2011, cuando los ultranacionalistas letones empezaron a recoger firmas para prohibir la enseñanza pública en ruso en la educación primaria. En Letonia existen algunas “escuelas rusas” que aseguran un modelo de aprendizaje que combina el ruso y el letón para el alumnado de educación primaria que así lo solicite. No obstante, a partir de la educación secundaria, incluyendo la universidad, la única lengua de transmisión de conocimientos en la red pública es el letón. La minoría eslava (aproximadamente un tercio de la población) vive esta situación como un ataque directo contra su identidad y, por ello, consideraban que la propuesta de los ultranacionalistas era poco menos que un insulto. De tal manera que como respuesta, los habitantes letones de etnias eslavas empezaron a recoger firmas para introducir una enmienda constitucional que convirtiera al ruso en segunda lengua oficial del Estado, lo que de alguna manera sería una retrocesión a la situación de la época soviética.

Los ultranacionalistas letones no consiguieron el 10% de firmas del censo electoral y, por lo tanto, su propuesta quedó descartada. Respecto al referéndum sobre el estatus de cooficialidad del idioma ruso, parecía que ocurriría lo mismo, ya que el partido más fuerte de la oposición, el Centro de la Concordia (una coalición de centro-izquierda que defiende los intereses de los eslavos), no había apoyado la propuesta de referéndum. Sin embargo, entre medio se celebraron nuevas elecciones parlamentarias en Letonia, ya que el anterior parlamento fue disuelto por el Presidente atendiendo al resultado de un referéndum de revocación que no obtuvo la participación mínima exigida para que su decisión fuera vinculante.

El ganador de los comicios legislativos fue el Centro de la Concordia con 31 de los 100 escaños que está compuesto el Parlamento. Sin embargo, tal y como suele ser habitual, todos los partidos nacionalistas letones (desde el centro derecha a la derecha cuasi-extrema), con la excepción de la coalición entre agrarios y verdes (partido de centro-derecha) que tiene como líder un oligarca económico salpicado por varios casos de corrupción, se unieron para formar un gobierno de concentración nacional letón. Si fuera necesario para la estabilidad del gobierno, la coalición entre agrarios y verdes también entraría, de hecho, en la anterior legislatura fue socio de la coalición estando salpicado por igual números de casos de corrupción. Valga esto como ejemplo para entender cómo funciona la dinámica política letona. Los partidos nacionalistas letones saben que siempre se hará una coalición amplia para excluir del gobierno a cualquier formación de centro-izquierda o izquierda, las que informalmente representan a los eslavos, lo cual facilita mucho la expansión de la corrupción y la adopción de decisiones que van contra la voluntad de sus propios electorados, porque siempre tienen la posibilidad de volver a movilizarlos centrando la discusión política en el eje de conflicto étnico.

Sin embargo, los últimos años el Centro de la Concordia había logrado penetrar un poco en el voto étnico letón. De ahí que con un electorado eslavo que no llega al 20% (un número similar de población eslava no tiene derecho de voto por apátridas) sus resultados hayan llegado casi al 30% del voto. En este sentido, sus líderes pensaban que podían superar la exclusión política a la que están sometidos si quedaban como primera fuerza electoral en el Parlamento y admitían la ocupación soviética de Letonia tras la Segunda Guerra Mundial. El lector vasco pronto entenderá cuál es el sentido de esta declaración, ya que procedimentalmente es muy similar a la exigencia que se le hace a la Izquierda Abertzale para que utilice la palabra “condena” con la violencia que ha ejercido ETA. Pues bien, el líder de los izquierdistas, Nil Ushakov, en una conferencia en inglés utilizó la palabra tabú en precampaña: “ocupación soviética”. Pero, a pesar de cumplir ambas condiciones y estar dispuestos a ceder en todo con tal de romper un tabú, la inclusión de un partido de izquierdas (popular entre los eslavos) en el gobierno, los partidos nacionalista volvieron a excluir al Centro de la Concordia en la formación del gobierno. En este contexto, el partido dio un giro y con ansías revanchistas pasó a apoyar la propuesta de referéndum sobre la cooficialidad del ruso, lo que rápidamente supuso que se recogieran más del 10% de las firmas necesarias para la convocatoria. 

Este fue un movimiento torpe y políticamente injusto que vuelve a centrar el debate letón en el eje étnico en lugar de en el socioeconómico. Por culpa de esta decisión, en Letonia se está gastando demasiada tinta y tiempo en un referéndum que no tiene sentido y no puede tener éxito. El Centro de la Concordia impulsando el enfrentamiento entre etnias y lenguas se pone al mismo nivel de los nacionalistas letones, precisamente cuando había logrado comenzar a superar su estigmatización como fuerza política que exclusivamente representa los intereses de los eslavos. Pero es más, su apuesta es injusta. Letonia es un país con una lengua oficial única, la Constitución de 1922 no lo explicitaba y el Estado letón amparaba y defendía el desarrollo de todas las lenguas de los habitantes del país (hasta el Golpe de estado que dio Kārlis Ulmanis en 1934, hasta entonces Primer Ministro y a partir de ahí dictador), sin embargo, en 1998 se introdujo una enmienda en la Constitución para asegurar la exclusividad de la oficialidad. Era lógico, toda vez que durante los años soviéticos se revirtieron los equilibrios lingüísticos del país, la lengua letona dejo de ser la lingua franca de entendimiento entre personas que hablaban diferentes idiomas para pasar a ocupar ese lugar el ruso.

Desde entonces, es de justicia la recuperación del letón como lengua franca del país y en esa tarea, la cooficialidad del ruso, una lengua infinitamente más grande y fuerte, es bastante más que un estorbo. El ruso no está en peligro de desaparición en Letonia y no necesita la protección al nivel de la cooficialidad. La propuesta es irritante, toda vez que hay habitantes de Letonia que no conocen el letón, muchos más que los que no conocen el ruso. Esto no quiere decir que no se pueda discutir sobre el estatus del ruso y las limitaciones legales que se le pone a su desarrollo, a veces cayendo en una persecución legal que roza lo delirante. Ahora bien, de ahí a la cooficialidad hay un trecho que busca cercenar la recuperación lingüística del letón y su expansión como lengua franca. Pero es más, desde el punto de vista de los eslavos tampoco es inteligente la jugada, ya que el Centro de la Concordia está reproduciendo lo que el propio Ushakov explicaba fantásticamente: “el problema de este país es que hay una minoría que se comporta como una mayoría, y hay una mayoría que se comporta como una minoría” (extracto de la entrevista que le hacían en el número de Santa de mayo de 2011, una revista para mujeres escrita en letón).

No puedo más que compartir el diagnóstico que hacía el político de izquierdas, por ello, los eslavos se han comportado inútilmente como si fueran mayoría, primero proponiendo un maximalismo como la cooficialidad, en lugar de algo más sensato e incómodo para los nacionalistas letones como la petición de que el Estado letón firme la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias o Regionales, y segundo, utilizando una herramienta para lograr su objetivo que es ineficaz. Mañana (18-02-2012) los favorables a la cooficialidad del ruso perderán el referéndum, pero además, si por cualquier alineación de los planetas la participación fuera muy baja y ganarán el referéndum, para que la enmienda sea aprobada deberían de conseguir el 51% de los votos afirmativos del CENSO ELECTORAL, lo cual es imposible, toda vez que los eslavos no llegan ni al 20% de este censo. Pero es más, incluso en un ejercicio ciencia ficción literaria, si lo lograran, los partidos nacionalistas letones, cumpliendo su papel de mayoría que se comporta como minoría, avisan que lo suyo sería que el Tribunal Constitucional invalidase la decisión, si fuera necesario también en contra de la Constitución. Esperpéntico.

4 comentarios:

  1. muy interesante el texto es de agradecer el esfuerzo en explicar la situación de Letonia

    A ver si algún día puedes dedicar un post a la situación historica de letonia, su participación en la segunda guerra mundial. Ayudaría a comprender muchas cosas

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  2. Gracias Nemigo por el comentario. La verdad que el tema histórico es tan controvertido que me da un poco de vértigo, más teniendo en cuenta que yo no soy historiador. No obstante, estoy de acuerdo que es un tema importante y que ayuda a entender lo que ocurre en Letonia. Y de paso también podemos ver como los procedimientos de constitución de una nación y un estado no difieren mucho, tanto si el país es pequeño como si es grande. La diferencia es la escala, pero no el método, lo que han hecho y hacen los rusos, en una escala más pequeña también lo han hecho los letones, sin contemplaciones y sin preguntarse si esta bien o mal ayudar a la desaparición de las lenguas autóctonas o la 'colonización' de tierras que eran 'propias' de otras nacionalidades.

    PS: El comentario está escrito en el idioma que utilizan los nacionalistas letones, evidentemente no comparto el paradigma.

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  3. Muy interesante el análisis de la situación en Letonia

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